Trump, o la decadencia del imperio.

Por: Fernando Guerra Rincón.

El profesor de la Universidad Nacional de Singapur, Parag Khanna, en su libro El segundo mundo (Paidos 2008), afirma que la nación americana está en fase de declive y suelta esta frase: “Los imperios del pasado se desmoronaron por las mentiras internas, y cada uno tuvo los barbaros que merecía. La mano dura y los hombres fuertes no pueden enmascarar el relativo declive de Estados Unidos, ya que son los principales símbolos de este” (pág. 419). Profética.

Sin duda, Donald Trump es el más acabado producto de esa caída. Su elección se explica, en buena parte, a que, paradójicamente, la economía norteamericana se cuenta entre las perdedoras de la globalización, anclada en el paradigma del libre mercado que ha producido la más infame desigualdad global: 8 multimillonarios poseen la riqueza de 3.600 millones de personas, la mitad de la población mundial(1). La clase obrera y los sectores medios de la sociedad norteamericana sufren los estragos de la deslocalización de la producción afincada en trasladar a la sociedad la búsqueda de la eficiencia del mercado y el rigor de la competencia. “Nunca antes las empresas estadounidenses habían hecho tanto para contratar tan pocos empleados. El fenómeno de la externalización que trasladó empleos textiles a China y operaciones de centros de llamadas a India ahora se desarrolla al interior de las empresas estadounidenses de prácticamente todo los sectores”(2). No existe ninguna empresa en el mundo que no esté buscando afanosamente reducir sus costos por la vía de automatizar, externalizar, terciarizar la producción y el empleo. Un banquero de inversión, Steven Berkenfield, dice eufórico, que incorporar un empleado es un recurso de última instancia(3). Con un resultado horrendo: el incremento sostenido de la desigualdad global, la inseguridad laboral, el declive pronunciado de los salarios.

Es tan grave este fundamentalismo, que un estudio reciente de los premios Nobel de Economía Deaton y Case encontró que la mortalidad de las personas blancas no hispanas en Estados Unidos, aumentó 0.5%, en el rango de edad de 45-54, años entre 1998-2013. Estas muertes tempranas se asocian a droga, alcohol, suicidio, cirrosis, insatisfechos con la calidad de vida que llevan(4). No es casual que bajo estas reglas la unión americana se convirtiera en la nación más atrasada de las grandes economías, junto con su infraestructura; su cinturón industrial haya sido barrido en las aguas turbulentas del intercambio global y arrastre el déficit comercial más grande del mundo. El discurso de posesión del magnate presidente, lo corrobora: “La fuerza y la confianza de nuestro país se ha disipado en el horizonte. Una a una las fabricas cerraron y dejaron nuestras costas, sin siquiera un pensamiento en los millones de trabajadores estadounidenses que quedaron rezagados…. La riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de sus hogares”.

La reacción de Trump es apenas natural: priorizar los intereses de los Estados Unidos como nación, haciendo uso del proteccionismo, un instrumento del vademécum económico que aquí desechamos en aras de encontrar, sin éxito(5), las fuentes del crecimiento en los mercados externos. En Inglaterra, desde Enrique VII (1485-1509), los aranceles protegían la naciente industria de los competidores de los países bajos. Robert Walpole, primer ministro del rey Jorge I (1714-27), fortificó el mercado interno con un ambicioso programa de desarrollo industrial donde los aranceles y las subvenciones a los productores jugaron un rol definitivo. Cien años después de la Riqueza de las naciones, Inglaterra adoptó el libre comercio cuando su supremacía era incuestionable y solo entonces se fue allende los mares armado con los cañones de las mercancías baratas que derribaban cualquier muralla china.

Estados Unidos consolidó su imperio después de la guerra de independencia sobre la base de más de un siglo de protección, influenciados por las ideas de Alexander Hamilton, quien en su reporte sobre las manufacturas (1791) señalaba que el gobierno de una nación económicamente atrasada debía proteger y alimentar a la industria desde la infancia (Ha-Joon Chang, Retirar la escalera, 2004). El general Park Chung Hee, en Corea del Sur, blindó su economía contra cualquier asomo de competencia extranjera a sus sectores estratégicos, incluso contra la resistencia de Washington, su aliado en el sudeste asiático en plena guerra fría. Hasta que adquirió musculo y se sometió a los rigores de la competencia internacional (Alice Amsden 1992). China, con el triunfo de Mao en 1949, se encerró dentro de sus fortificaciones hasta que tuvo la capacidad de cazar ratones. Por eso, Xi Jinping, el mandamás de China hoy, es el nuevo adalid de las fronteras abiertas.

El desconcierto con las medidas de Trump en defensa de la industria norteamericana radica en que, después de la caída del muro de Berlín y del fin de la historia y el último hombre, la academia se adaptó, sin mayor cautela, a la nueva ola y compró el discurso del libre comercio como un artículo de fe: Sin libre mercado no hay salvación. Y el que osare transgredir la dogmática era expulsado sin remedio del paraíso de la globalización, (que hace agua) y mirado con recelo antediluviano (dinosaurios decían, dicen) en los claustros. El retorno a una oleada de proteccionismo preveniente del imperio pone en aprietos al sistema. Y al mundo(6). El dilema reside en que, en el marco de las políticas que sustentan la economía actual, la de la sociedad liquida, en la que todo lo sólido se desvanece en el aire, un retorno al proteccionismo a la vieja usanza no alcanza para resolver las casi insalvables contradicciones del sistema económico global.

Un solo ejemplo lo ilustra: Mientras el mundo está preocupado por las consecuencias que para la convivencia pacífica de la humanidad puede tener el hecho de que la nación más poderosa del planeta esté siendo gobernada por un personaje como Donald Trump, Wall Street ha entrado en una fase orgásmica: El índice Dow Jones superó los 20.000 puntos por primera vez en su historia de 120 años(7). Y los mercados de valores crecieron 10%. Éxtasis que ocurría al mismo tiempo que Trump y Melania caminaban por la alfombra roja hacia la Casa Blanca. Y la trama tiende a agudizarse, porque Trump es Trump, es decir, xenófobo, incendiario, peligroso, armado hasta los dientes. Aunque el imperio esté enfermo, se muere de pie.

Por eso amenaza y provoca irresponsablemente a China(8) . A Irán. La emprende contra la Unión Europea y la señora Merkel, chantajea a México y lo conmina a colaborar en la guerra contra las drogas, que no ha dado resultados en ninguna parte del mundo, so pena de enviar el ejército americano. Y en ese sentido Colombia entra en la órbita de Trump, con riesgos para la continuidad y consolidación del proceso de paz, que avanza pese a los obstáculos. Contiene la inmigración, olvidando de forma ignorante, la arcilla con la que se fraguó la Unión americana. Levanta muros. Se distiende con Putin. Alivia las débiles restricciones al sector financiero. Tiene en la mira el obamacare. Niega el cambio climático. Se opone a la ciencia. Se apalanca en la superstición.

La globalización excluyente, sin una gobernanza global y la tecnología que destruye puestos de trabajo y reduce los salarios en todo el mundo, está incubando un gran desorden bajo los cielos. Son tiempos de incertidumbre. Los tambores de guerra se oyen en el horizonte. Trump no hará si no atizar la hoguera. Con una pequeña esperanza: Que la fuerte institucionalidad del estado norteamericano y una ciudadanía ilustrada y actuante detengan al bárbaro, como ya hicieron con Nixon en 1974.

Economista con Maestría en Estudios Políticos y Económicos de la Universidad del Norte de Barranquilla. Publicó en 2010, con la Universidad de Antioquia, La geopolítica y el cambio climático. Actualmente es profesor de posgrados en la Universidad Libre de Cali.

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1) Informe Oxfam 2017, Una economía para el 99%.
2) Lauren Webe, El fin de los empleados, El Tiempo, The Wall Street Journal Américas, 6 de febrero de 2107.
3) Ibíd.
4) Jorge Iván, González, Las muertes tempranas en Estados Unidos, La República, 01/ 22/ 2106.
5) Entre 1967-1990 la economía evolucionó con superávit en cuenta corriente y la industria creció por encima del producto nacional. Luego, entre 1990 y 2016, la economía pasó a operar con déficit en cuenta
corriente y la industria creció por debajo del producto. Mientras en el primer periodo el producto nacional avanzó cerca de 5% en el segundo lo hizo por debajo de 3.5%. Eduardo Sarmiento Palacio, Decepciones del libre comercio, El Espectador, salmón, 12 de febrero de 2017.
6) ¿Y si Estados Unidos gira hacia el proteccionismo?, La Republica, Editorial, 13 de febrero de 2017.
7) Wall Street de fiesta, Revista Semana, Edición 1815, febrero 12-19 de 2017, Págs. 46-47, El Dow Jones toca los 20.000 puntos por primera vez en la historia. ttp://economia.elpais.com/economia/2017/01/06/actualidad/1483724553_718152.html. Wall Street de fiesta.
8) China y Estados Unidos, hacia un choque de trenes global. http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/03/actualidad/1486145724_480660.html