Reforma tributaria y paz: una antinomia.

Por: Esteban Morales Estrada.

Historiador




En el libro Las crisis de las dictaduras Nicos Poulantzas (1936-1979) deja claro algo fundamental para el caso que pretendemos analizar. El marxista greco-francés advierte que antes de señalar los factores externos como culpables de todos los males de un país, conviene matizar las acusaciones y analizar detenidamente los procesos particulares de cada lugar. En definitiva, Poulantzas plantea la preponderancia de los factores internos en articulación constante con los externos, criticando la teoría mecánica y simplista del complot internacional fantasmagórico, cuya ventaja principal es “desviar el examen de los propios errores y, sobre todo, de cerrar los ojos a las coyunturas internas que, precisamente, han permitido a las intervenciones exteriores y al dedo del extranjero ser eficaces”(1) . Conviene entonces analizar la reforma tributaria y entender el porqué de su contradicción con un proceso de paz duradero, mirando los factores internos en conexión con los externos para obtener una fotografía de la situación antinómica que trataremos de ilustrar.



Si lo que se pretende es establecer un periodo duradero de paz en el país, debe tenerse en cuenta lo social. La equidad y las transformaciones efectivas son fundamentales en el escenario de un posconflicto y una posterior paz “estable y duradera”. La paz no consiste en la firma de papeles sino en la eliminación sustancial de las causas objetivas de futuros enfrentamientos. Si bien es cierto que este proceso de paz está fuertemente regulado desde el Estado, lo más problemático es el hecho de que no pretende tocar el “modelo económico”, lo que se convierte en una contradicción con la búsqueda de una paz real, teniendo en cuenta que vivimos en un país que “aparece con la mayor concentración de riqueza en manos del 1% más rico de la población en el periodo 1993-2014 en toda la región”(2) y donde “las facilidades otorgadas al gran capital no hicieron más que ahondar las abismales diferencias entre una minoría privilegiada y una abrumadora mayoría que no encuentra posibilidades de dejar atrás la pobreza y el desempleo”(3) . Ante este panorama desolador, parece imposible no percatarse de la contradicción entre un discurso de paz y un proceso fuertemente regresivo como el de la reforma tributaria que se discutió de afán, sin participación de la sociedad y “que de estructural solo tiene el nombre”(4).



Todo se reduce a la imposición práctica, dado el poco tiempo de debate, la corrupción del congreso y la poca discusión social de la cacareada reforma, que hacen que sea un grupo de tecnócratas -corifeos del neoliberalismo- los que hayan decidido el futuro tributario del país, simulando una discusión social del proyecto que en realidad no fue palpable. Si tenemos entonces un ambiente de optimismo generalizado y un discurso esperanzador frente a la paz en el país, no podemos dejar de lado que “la reforma tributaria promovida por el gobierno del presidente Santos constituye una prolongación de las injusticias y, por tanto, una simiente de nuevos conflictos sociales y económicos”(5) , lo que evidentemente resulta alarmante y paradójico. ¿Cómo explicarlo?



El economista José Antonio Ocampo ilustra que la reforma tributaria era necesaria por tres aspectos: “hay que sustituir los ingresos fiscales provenientes del petróleo, compensar los impuestos temporales que decretaron anteriores reformas y garantizar los recursos para la paz.” Sin embargo, también confiesa que el proyecto del gobierno Santos “no va lo suficientemente lejos en reducir los beneficios tributarios, ni en corregir el principal problema de la estructura tributaria colombiana en relación con la de los países desarrollados: la baja tributación de las personas naturales de altos ingresos”(6).



En lo anterior se centra el meollo del asunto. Para Consuelo Ahumada, que realiza un interesante análisis de las reformas tributarias desde 1990 a 2014, las tendencias son claras y perdurables desde hace más de 25 años: 1) preocupación por otorgar beneficios tributarios al gran capital y la inversión extranjera; 2) modificaciones del impuesto de la renta, en torno a su reducción, sumado a un aumento de las exenciones a las grandes empresas extranjeras y nacionales, mientras que se da un incremento en los impuestos a las rentas laborales, lo que afecta a la clase media directamente; 3) incremento de la tributación indirecta, representada por el IVA (Impuesto al Valor Agregado), impuesto al consumo de naturaleza regresiva, ya que afecta a toda la población sin importar la condición socioeconómica; 4) reducción importante de la financiación social por parte de los empresarios(7).



¿Cuál es el marco general del proceso que acabamos de describir? Sin duda todo tiene que ver con la desastrosa apertura económica llevada a cabo desde los años 80s con resultados escalofriantes en casi todos los aspectos del desarrollo socio-económico del país y que ha desembocado en la idea de los tecnócratas de hoy, que “abogan por un desbocado extractivismo, y su obsesión es la de convertir los campos en despensas de recursos energéticos y minerales para industrias foráneas, y en factorías de agroindustria para diversos monocultivos, en especial, de rentables biocombustibles”(8).



El proceso de la apertura es sintetizado de manera clara por el economista Eduardo Sarmiento en lo que tiene que ver con lo que ya mencionaba Ahumada respecto a las tendencias globales del proceso tributario en las últimas décadas:


      El dilema siempre estuvo presente y durante la era neoliberal, que se inició con Reagan y Thatcher, el mundo se inclinó a favor de los gravámenes indirectos, que son más inequitativos, interfieren menos en la eficiencia del mercado y generan más recaudos. Esta visión se impuso en el país hace 30 años y ha predominado en las múltiples reformas tributarias, que han tenido como constante el desmonte de la tributación progresiva y su reemplazo por la indirecta, y la elevación de la tributación del trabajo con respecto al capital(9).




Todo va cobrando sentido en lo que tiene que ver con la antinomia que venimos ilustrando desde el comienzo. El asunto de la paz se inserta en el desarrollo de la apertura económica y no va a conseguir frenarla de manera directa si no va acompañado de un proceso de movilización social para exigir cambios apreciables a nivel social. Para los profesores Aaron Tauss y Joshua Large, “El proceso de paz apunta en esencia a la expansión y a la profundización del régimen de acumulación neoliberal-extractivista-exportador-dependiente que surgió durante la década de los 80 y que se basa en el extractivismo, las inversiones extranjeras directas, la agroindustria, el desplazamiento forzado y el acaparamiento de tierras”(10) . Todo lo anterior ha conducido a una “reprimarizacion” y a una consecuente “desindustrialización” de vieja data, que desde hace mucho tiempo economistas como Sarmiento señalaron. Para solo describir someramente el proceso, baste decir que la inversión en maquinaria y equipo pasó de 6,6 % en la década 1960-1970 a un 6,7 % en la siguiente, para caer estrepitosamente a un ínfimo 1,5 en la de 1980-1990 (11).



Volviendo al trabajo de Tauss y Large, podemos concluir que la paz le sirve a los intereses neoliberales, principalmente en el sentido de pacificar zonas potencialmente ricas en recursos minerales y consolidar el mercado interior. Puede decirse que “[f]rente a las existentes correlaciones de fuerza y a la expansión del modelo económico, hay pocas razones para esperar que un acuerdo de paz [que se dio ya] con las FARC-EP tenga un gran efecto en cuanto a la superación de las profundas desigualdades socio-económicas y políticas que siguen existiendo en Colombia”(12).



En definitiva, mientras Guillermo Perry invitaba a no poner “trabas en la rueda al Gobierno” en lo que tiene que ver con la reforma tributaria y tragarse todos los sapos del continente sin chistar, el ex director de la DIAN Juan Ricardo Ortega concebía la mentada reforma como “justa y progresiva”(14), sin embargo, resulta inocultable que los análisis muestran que en realidad dicha reforma es solo una manifestación de ese escabroso proceso de apertura económica implantado en el país hace años. La reforma se “presenta más bien como un ejercicio de carácter tecnocrático, pretendidamente apolítico, cuyo objetivo es alcanzar eficiencia en la recaudación de los ingresos fiscales que requiere el estado para seguir cumpliendo con la función que se le ha asignado en las últimas décadas: garantizar las mejores condiciones para la inversión extranjera”(15).



En medio de un impresionante 84,9 % (2015) (16) de hogares que declaran que el ingreso que tienen solo les cubre los gastos familiares mínimos, es innegable que los impuestos al consumo son desastrosos, de lo que se desprende la contradicción que venimos anotando: Un acuerdo de paz -importantísimo- en medio de una creciente inequidad tributaria, que se antepone a la consecución de una paz perdurable y viable, pues no busca mejorar y equilibrar los factores objetivos que pueden desencadenar o reactivar nuevas reacciones armadas y, por el contrario, da motivos de insatisfacción social evidente a millones de colombianos, quedando en el limbo la consolidación del proceso.



En medio de una reforma que “sustituye los gravámenes directos (los que tienen más pagan más), por los indirectos (los que tienen menos pagan más), se elimina la progresividad del patrimonio y del ingreso a las personas jurídicas y se eleva la carga tributaria del trabajo con relación al capital”, y que “sacrifica la equidad fiscal para ampliar el recaudo y sostener la rentabilidad del capital”(17) , el panorama es negro en demasía.



En últimas, y para ponerle un poco de humor a esta agria coyuntura, hay que tener en la mira que lamentablemente se cumplió aquello de que “el oso [la reforma] pasará, porque al final de la cuerda hay un tonel de miel para repartir entre los del show, del cual no espere recibir ni una sola gota. Así que relájese y disfrute el espectáculo. Y prepare el bolsillo”(18) .



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Notas:



1) Nicos Poulantzas, Las crisis de las dictaduras. Portugal, Grecia, España (México: Siglo Veintiuno Editores, 1976), 25.



2) Consuelo Ahumada, La propuesta de la Comisión para la reforma tributaria y su incidencia sobre los trabajadores: un análisis desde la economía política internacional (Bogotá: Friedrich Ebert Stiftung, 2016), Pág. 12.



3) Ricardo Arias Trujillo, Historia de Colombia contemporánea (1920-2010) (Bogotá: Universidad de los Andes, 2010), 192.



4) Omar Bedoya Martínez, “En torno a la reforma tributaria”, Alma Mater Nº659, Noviembre de 2016. Pág. 14.



5) Fredy Cante, “La reforma tributaria, un rotundo no a la paz”, Desde Abajo, 27 de Agosto de 2016. https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/29583-la-reforma-tributaria-un-rotundo-no-a-la-paz.html



6) José Antonio Ocampo, “Es esencial aprobar la reforma tributaria”, El Tiempo, 26 de Noviembre de 2016. http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/es-esencial-aprobar-la-reforma-tributaria-jose-antonio-ocampo-columnista-el-tiempo/16759742



7) Consuelo Ahumada, La propuesta de la Comisión para la reforma tributaria y su incidencia sobre los trabajadores: un análisis desde la economía política internacional…Págs. 16 y 17.



8) Fredy Cante, “La reforma tributaria, un rotundo no a la paz”…



9) Eduardo Sarmiento, “Reforma tributaria y salario”, El Espectador, 22 de Octubre de 2016. http://www.elespectador.com/opinion/reforma-tributaria-y-salario



10) Aaron Tauss y Joshua Large, “¿Paz o desarrollo capitalista? - Reflexiones sobre la profundización del régimen de acumulación neoliberal-extractivista-exportador-dependiente en Colombia” en: Actuel Marx/Intervenciones Nº 19. Pág. 118.



11) Eduardo Sarmiento, “Evaluación y perspectivas de la apertura” en Neoliberalismo y desarrollo (Bogotá: El Áncora Editores, 1992), Pág. 170.



12) Aaron Tauss y Joshua Large, “¿Paz o desarrollo capitalista? - Reflexiones sobre la profundización del régimen de acumulación neoliberal-extractivista-exportador-dependiente en Colombia”…Pág. 131.



13) Guillermo Perry, “La tributaria y la política”, El Tiempo, 23 de Octubre de 2016. http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-tributaria-y-la-politica-guillermo-perry-columnista-el-tiempo/16732682



14) Juan Ricardo Ortega, “Seria un costoso error si no se sube la tarifa del IVA”, Portafolio, Octubre 24 de 2016. http://www.portafolio.co/economia/tarifas-del-iva-analisis-de-la-medida-501211




15) Consuelo Ahumada, La propuesta de la Comisión para la reforma tributaria y su incidencia sobre los trabajadores: un análisis desde la economía política internacional…Pág. 6.



16) Libardo Sarmiento Anzola, “La bolsa o la vida”, Desde Abajo, 28 de Noviembre de 2016. https://www.desdeabajo.info/ediciones/30298-la-bolsa-o-la-vida.html


17) Eduardo Sarmiento, “Reforma tributaria y salario”…



18) Camilo E Ramírez, “Circo e impuestos”, Revista Dinero, 28 de Noviembre de 2016. http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/circo-e-impuestos-por-camilo-ramirez/239447

Fuente:

http://nuevagaceta.co/inicio/reforma-tributaria-y-paz-una-antinomia