Paro del magisterio: Ganó Colombia

De la redacción de LA BAGATELA

Los maestros acaban de darle una lección a todo el país. Han puesto por encima de cualquier petición la defensa de un bien supremo de la nación: la educación pública. Fue una llamado general para engrosar la lucha que siempre han dado. Hoy, múltiples sectores han entendido el clamor de Fecode y lo respaldan. Después de intensas jornadas, de nutridas y permanentes movilizaciones, que incluyeron tomas a capitales, grandes concentraciones, lecturas al aire libre, asambleas, reuniones con padres de familia, con alcaldes y gobernadores, se constituyó una fuerza cívica nacional que se involucró y mantuvo la batalla.

El paro ilustró el reiterado desdén oficial hacia la educación del pueblo. Así se enmarcó esta lucha que recibió el respaldo de innumerables alcaldes y gobernadores de distinta orientación política; el recorte de los fondos para educación no solo deteriora la calidad de vida de los territorios que gobiernan, sino que también afectan sus finanzas. Los enemigos del gobierno, de derecha e izquierda, pretendieron sacar provecho en río revuelto, pero Fecode no permitió encasillar la lucha en la disputa política entre las dos fracciones de la élite que se enfrentan hace años y por el contrario logró del gobierno un acuerdo beneficioso para el futuro educativo del país.

Sin duda la mayor lección la recibió el Ministerio de Hacienda. Recordemos que mediante el Acto Legislativo 01 de 2001 y la Ley 715 de 2001 se desligaron los recursos del sector educativo de los Ingresos Corrientes de la Nación (ICN), eso hace ya 16 años y según cálculo de Fecode en el período 2002-2016, la educación dejó de percibir entre $73 a $84 billones de su presupuesto. El actual ministro, Cárdenas, neoliberal de cepa, indiferente ante las afugias de la nación y experto en rendir pleitesía a las “orientaciones” económicas del gran capital, no puede esconder los rotos del manejo económico del país. El ajuste fiscal que aplica, como lo mandan los amos del capital en el mundo recae sobre las mayorías empobrecidas, mientras las ventajas, los privilegios y las utilidades son para ellos. La desigualdad se profundiza y solo luchas justas y claras como la librada por Fecode puede torcer doctrinas y pensamientos que se vienen a pique. Ante la amplia simpatía y respaldo de la población, al gobierno nacional le tocó dejar a un lado su repetido argumento de la inexistencia de fondos y se comprometió a sanear el déficit de la educación en los próximos 10 años, está obligado a cumplir el acuerdo. Las comunidades con mayor decisión, ni aplazan ni rebajan sus conquistas.

Fecode, organización sindical que dirigió el paro, mostró, con la lucha dada, que la consolidación del acuerdo de paz genera un ambiente propicio para abordar las grandes deficiencias en materia del bienestar de la población y enfrentar las desigualdades sociales en educación, salud, empleo, vivienda y recreación. El cese del uso de las armas en la política desmonta el más serio argumento que tenían los gobiernos para priorizar el presupuesto militar sobre el resto de las actividades, para despreciar las justas peticiones de la población y proceder contra sus dirigentes. Una lucha de causa justa y necesaria puede involucrar amplios sectores sociales, comprometer gobernantes y alcanzar soluciones reales.

El paro refrendó la validez y el alcance de esta lucha de los trabajadores y elevó su ánimo. Impulsó las jornadas de paro de los trabajadores estatales que permitieron revivir la negociación colectiva en ese sector y resolver pleitos como la nivelación salarial en el Mintrabajo. Asimismo, se constituyó en un aliento para la fuerza laboral organizada y demostró la necesidad de conformar sindicatos de industria que cobijen hombres y mujeres de una misma rama de la producción. El fraccionamiento y la dispersión en pequeños sindicatos debilitan la fuerza obrera. La experiencia del paro magisterial solo deja satisfacciones y esperanza a los trabajadores y a la población en general.

El paro aclaró a los colombianos el problema de la educación: sin una financiación adecuada y suficiente no es posible alcanzar el derecho a la educación universal, gratuita y de calidad para toda la población, alcanzar una jornada única de ocho horas diarias en todos los colegios públicos, tener una infraestructura adecuada y moderna y una remuneración salarial a los maestros acorde a su responsabilidad. No se trata solo de unos pesos para el pago de los maestros, sino de adecuado y suficiente porcentaje del presupuesto nacional para financiar la educación de los colombianos.

El gran motivo y el gran logro del paro se alcanzó: exigir y comprometer al gobierno en destinar una mayor parte de la riqueza de la nación para el financiamiento de la educación. Es decir, en términos técnicos, una mayor participación de la educación en el Sistema General de Participaciones o aumentar la parte del PIB en educación. Además, se acordó la participación del magisterio en la formulación y definición de las políticas públicas, asunto tan medular que constituye un logro sin antecedentes en las luchas por la educación.

La fortaleza del paro obligó a los medios informar de una forma veraz las distintas situaciones por la que atravesó la lucha. Lo más destacado en el campo de las comunicaciones es que a través de las redes aparecieron decenas de videos, fotos, comentarios, opiniones, con expresiones culturales, políticas y académicas como nunca antes, provenientes de los sectores y personas que respaldaron la movilización. Fue una demostración mediática sin precedentes en apoyo a una movilización social en Colombia.

La lección está dada, el país tiene que asimilarla y enriquecerla.