Madiba, lecciones de paz

A manera de editorial. Por Juan Orlando Bonilla Peñaloza. Estudiante de Historia U. Nal.

Alrededor de la medianoche en Johannesburgo, capital de Sudáfrica, a sus 95 años murió uno de los personajes más ilustres y relevantes en la historia reciente de todo el continente africano, e incluso del mundo entero: Nelson Mandela, quien durante gran parte de su vida fue un luchador dedicado de la causa de los derechos humanos. El escenario principal de la lucha de Mandela fue su Sudáfrica natal la cual hasta finales del siglo pasado vivió bajo las políticas del Apartheid, uno de los regímenes opresivos más tiránicos y rígidos que ha visto la humanidad.

Mandela dedico gran parte de su vida a la lucha contra el régimen de discriminación, pero su lucha más importante y más decisiva para la nación sudafricana la daría desde los últimos años de su presidio (1985 aproximadamente) hasta el final de su periodo presidencial y su vida política en 1999: la lucha por la reconciliación nacional. En este último proceso Mandela (¡Sudáfrica entera!) le daría una lección al mundo, que en la coyuntura de los actuales diálogos de paz como colombianos no debemos olvidar: el reconocimiento de las víctimas es el primer paso para la restauración de la armonía de la nación. Ahora voy a ilustrar un poco de la vida y la obra de este gran personaje.

La vida de Madiba (título honorario otorgado por los ancianos de su tribu) fue desde muy temprano se vio marcada por la lucha. Nació en un pequeño poblado de 300 habitantes, uno de los 13 hijos que su padre (perteneciente a la etnia xhosa) tuvo con sus 4 esposas y descendiente de uno de los reyes más importantes de su clan. Mandela aparecería en el panorama político de Sudáfrica en 1952 (Campaña de desobediencia civil) y en 1955 en el Congreso del Pueblo en el que se redactaría la “Carta de la Libertad” de la que luego tomarían elementos para la primera constitución pluralista de Sudáfrica de 1994. Gran admirador de Mahatma Gandhi, adoptó sus ideas de resistencia pacífica, las que mantuvo hasta el primero de marzo de 1960 cuando fue testigo de la masacre de Sharpeville, la policía sudafricana asesino 69 civiles, hirió otros cientos y detuvo otros miles en medio de una manifestación contra el Apartheid. Ese mismo día el Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) partido al que pertenecía Mandela y su similar Congreso Panafricano (PAC por sus siglas en inglés) fueron declarados ilegales y sus miembros tuvieron que recurrir al exilio.

Aquí comenzaría la parte más oscura de la militancia de Mandela quien fue entrenado en el exilio en técnicas de sabotaje e insurgencia por gobiernos satélites de la Unión Soviética en África (como el gobierno de Angola) y el 16 de diciembre de 1961 fundaría junto con Joe Slovo (jefe del Partido Comunista Sudafricano-SACP por sus siglas en inglés) el Umkhonto we Sizwe, brazo armado del ANC, el cual actuaría en acciones de sabotaje hasta 1964 cuando Mandela es capturado. Posteriormente la lucha del Umkhonto we Sizwe degeneraría y empezaría a realizar ataques terroristas contra objetivos ‘blancos’ así como actos de persecución y ejecuciones de supuestos espías gubernamentales en las comunidades negras. (Cejas. 2009. Página 143)

Después de su captura Mandela se transformaría en un símbolo de la lucha por la igualdad social en Sudáfrica, en prisión recibía el peor de los tratos y estaba sometido a un aislamiento casi total (solo tenía derecho a recibir una visita y una carta cada 6 meses), incluso se llegaría a frustrar un plan de asesinato en su contra. Aun así, pese a la incomunicación a la que estaba sometido seguía siendo considerado como la cabeza del Umkhonto we Sizwe y uno de los principales representantes del ANC y fue justamente con él, en el periodo de más marcada represión contra los movimientos anti-Apartheid (1984-1989) gobierno de P.W. Botha en el cual las fuerzas de seguridad dejaban un saldo de 2000 muertos y 25000 detenidos) en el que se iniciarían los diálogos entre Mandela y el gobierno para llevar la paz a un país torturado por lo sangriento del conflicto. (Cejas. 2009. Página 137)

 

Mandela junto a Thabo Mbeki (ANC) y F.W de Klerk.

 

Mandela fue liberado en 1990 por el presidente Frederik Willem de Klerk regresando como el hombre de paz que era antes de 1960, logro que el Umkhonto we Sizwe desistiera de sus actos terroristas y dio paso a un proceso de democratización que tendría su mayor estimulo cuando en 1993 junto a de Klerk, Mandela recibe el premio Nobel de la Paz y tendría su mayor avance cuando en 1994, en las primeras elecciones plurales en la historia de Sudáfrica Mandela llega a la presidencia en representación del ANC. Pero esto no representaría ni siquiera el inicio del proceso de reconciliación en Sudáfrica.

En 1993 en medio de la discusión de las medidas para establecer un estado de transición a la democracia verdadera surge el problema de la memoria: ¿Cuál debería ser la posición del gobierno respecto a los abusos y violaciones cometidas por los dos bandos durante el Apartheid? El gobernante Partido Nacional proponía una amnistía y un olvido de los crímenes cometidos durante el régimen de segregación, por otra parte el ANC proponía realizar juicios criminales contra los perpetradores de crímenes contra la humanidad ¿Cuál fue la solución? Establecer una comisión de la verdad, encargada de visibilizar a las víctimas de la confrontación. (Cejas. 2009. Página 146)

La Comisión para la Verdad y la Reconciliación (TRC por sus siglas en inglés) fue establecida en 1995 en pleno mandato de Mandela y fue presidida por el arzobispo anglicano y Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu. Esta comisión recolectó testimonios de las víctimas y se encargó de hacer públicos los más dicientes, además también recolectó los testimonios de los perpetradores y se encargó de suministrar las amnistías para estos. El proceso fue largo y tortuoso, las reparaciones a las víctimas fueron hechas de manera colectiva (como monumentos u obras públicas) y solo hasta 2003 termino el trabajo de la comisión, después de lo cual los testimonios de las víctimas fueron declarados patrimonio de la nación. (Cejas. 2009. Páginas 145-152)

El proceso de paz y democratización de Sudáfrica dejó varias lecciones para el mundo: La primera y la más grande fue justamente el hacer visible a las víctimas de la violencia como principal manera de reparación. La segunda fue la necesidad de la reconciliación: sin importar quien defendiera al régimen opresivo y quien luchara de manera “justa” en contra, todos los protagonistas del conflicto debían reconocerse como parte de una misma nación. La tercera y más visible fue la inutilidad de la lucha armada como elemento de solución de conflictos y el valor del dialogo como puente para acercar las posiciones distantes.

¿El resultado del proceso de reconciliación? Para finales del gobierno de Mandela el 16% de las fuerzas militares de Sudáfrica estaban conformadas por ex militantes del Umkhonto we Sizwe, siguen existiendo tensiones con la ultraderecha blanca y sectores radicales dentro de las mayorías negras que han provocado esporádicos episodios de violencia, pero con el dialogo se logró evitar lo que parecía una inminente guerra civil. Sudáfrica ahora es una nación democrática, que reconoce la diversidad de sus gentes (muestra de eso son sus 11 lenguas oficiales) en donde pese a todo, todas las expresiones culturales, sociales, políticas… tienen un espacio.

 

Mandela muere dejando como legado para la humanidad un gran ejemplo de paz y reconciliación, un ejemplo que debe ser tomado por todas las naciones del mundo, en especial por una nación como Colombia que pasa por un momento importante en la búsqueda de la paz. La vida de Mandela fue caótica, utilizo ‘todas las formas de lucha’ pero al final descubrió que la mejor forma de lucha es la paz.

Para ser libres no solo debemos deshacernos de las cadenas, sino vivir de una manera que respete y potencie la libertad de los demás”. Madiba.

 

Escrito por Juan Orlando Bonilla Peñaloza. Estudiante de Historia U. Nal.

 

Bibliografía:

Cejas, Mónica. Retro-ilusiones en tiempos inestables: comisionando la memoria para la (re)inscripción de la nación post Apartheid. Memoria(s) y política: experiencias, poéticas y construcción de nación. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2009.

Medellín, dic 2013.