Mensaje de fin de año de Marcelo Torres

Que este final de año y el comienzo del que viene, además de servirnos para hacer una pausa y desestresarnos un poco, nos brinde el momento de reflexión que requiere toda empresa realmente importante. Cualquier cosa que hagamos es importante si de algún modo está en línea con la onda o tendencia progresiva del tiempo que vivimos. La reflexión hace referencia a lo que hacemos, de manera que desmenuzando la experiencia ─que es como se llama lo que ya hemos realizado─ podamos corregir las burradas, terminar y pulir lo que quedó en obra negra, y sacarle más punta a los logros. Por supuesto, esto es más fácil escribirlo que hacerlo. Pero como decía el calvo de Simbirsk, el del río Lena, y espero que también sea el caso de los del Yuma[1] (con o sin pelo en la testa): aunque la teoría sea gris, aunque sólo sea el cincuenta por ciento menos importante de nuestra tarea, si es atinada puede tener para nosotros el valor de la lámpara de Diógenes: que ilumine los pasos que aún debemos dar, que descifre los más complejos acertijos, especialmente en el Reino de lo Obvio.

Desde la ribera izquierda, un abrazo fraterno de Navidad y Año Nuevo de Marcelo Torres Benavides.
Magangué, miércoles 26 de diciembre de 2012