Mensaje de advertencia

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Marcelo Torres, el alcalde que derrotó aparato político de 'la Gata'

'La Silla Vacía' dice que usted es el último marxista de verdad que queda en Colombia...
Así es.

¿Cómo un marxista logra derrotar en Magangué el aparato político de Enilse López, alias la 'Gata', que parecía inderrotable?
Magangué es una población de 180.000 habitantes, una ciudad pequeñita, que tuvo una época buena cuando floreció la navegación fluvial por el Magdalena, desde mediados del siglo XIX a mediados del XX. Cuando la élite toma la decisión de abandonar la navegación fluvial por el Magdalena, Magangué y muchas otras poblaciones se vienen abajo, con excepción de Barrancabermeja, por el petróleo. De unos años para acá, en Magangué se posó el diablo.

¿¡El diablo disfrazado de gata!?
Así es. Y comienza una década espantosa, en la cual Magangué involucionó.

Pero de ese proceso, aparentemente, usted no salió muy aruñado...
Este proceso no ha terminado. Empezó con lo más difícil, porque en Magangué se suprimió el Estado de Derecho y se estableció un régimen mafioso y de terror. Está renaciendo, pero sobre una base muy precaria.

Necesita todo el apoyo que pueda darle el Gobierno Nacional...
Así es. El Presidente estuvo hace unos días en Magangué y yo le decía: "Esta gente aquí, mis paisanos, hicieron una hazaña en medio de una cultura mafiosa y de desintegración moral, pero si el Estado no toma la decisión de darles la mano ahora, va a ser muy difícil mantenerla". El presupuesto aquí es sumamente reducido y los trámites normales del Estado son sumamente lentos.

¿Y qué le dijo el Presidente?
Que iba a ayudar. Que el Gobierno de la Prosperidad estaba comprometido. Es que lo de Magangué puede ser un experimento piloto de rescate de las manos de la mafia de una pequeña ciudad, y gobernarla democráticamente. Pero eso necesita un puente para que el Estado movilice recursos, ayude, haga presencia.

Estoy detrás de un plan de choque que suministre asistencia social masiva. Magangué es como Trípoli. No hay servicios públicos, el nivel de vida es supremamente bajo y los pueblos de río son como los del Chocó. Está por debajo de la media del nivel de vida de la región caribe, que, a su vez, está por debajo de la media nacional. Esta población necesita agua potable diaria. Hace 30 años la tenía, hoy no. Eso es el colmo. Necesita que se arreglen las vías. Tiene 12 centros de salud cerrados.

Ojalá el presidente Santos escuche su pedido de convertir a Magangué en un laboratorio social antimafia. ¿A qué atribuye usted el poderío de la 'Gata'?
En la economía legal, Magangué era el punto de conexión entre el comercio del interior del país con el del interior del Caribe y un poco también al revés. Pero con la 'Gata' se vuelve el punto de conexión entre el tráfico de drogas que viene del interior del país con el golfo de Morrosquillo, a través del Canal del Dique. Magangué es un punto clave para ese tránsito.

¿Esa mafia es paramilitarismo y droga?
Claro. Pero la 'Gata' tiene esta característica: surge antes de los grupos paramilitares de la región caribe y les sobrevive. Es el único círculo mafioso que ha sido golpeado; está a la defensiva, pero su poder económico está intacto.

Hay informaciones que indican que los EE. UU. le pusieron el ojo a la 'Gata'. ¿Será que el animalito viaja?
Lo que se sabe de las pesquisas de la DEA es que en el hangar de la empresa de apuestas de la señora Enilse López en Barranquilla, que se llama Unicat, se encontró un helicóptero de Israel al que le cambiaron la matrícula en Canadá y lo introdujeron a través de Panamá. El rastro del helicóptero es clave para los intereses de la DEA.

Eso es lo que nos produce tanta admiración: ¿cómo hizo para derrotar esa mafia?
Ellos estaban muy confiados en su aparato de compra de votos, que es muy eficaz, está muy arraigado y que no inventó la 'Gata', pero sí lo llevó a su mayor expresión. Yo había hecho dos campañas anteriores y no había logrado derrotarlo.

Es que, según usted, la 'Gata' hacía alianzas con todos los partidos tradicionales y, a punta de alterar el censo electoral y gracias a una gran laxitud del gobierno central, ella siempre ganaba las elecciones...
Es un hecho que bajo los ocho años de Uribe, aunque uno no puede decir que él estaba de acuerdo con la 'Gata', hubo una actitud del Gobierno y, prácticamente, fueron inoperantes los organismos de control. Y ellos estaban muy confiados en eso.

Magangué tiene el 70 por ciento de su población en estratos uno y dos. Hay una capa pequeña de clase media que, se puede decir, es un voto libre. En las dos campañas anteriores me basé en ese sector, pero eso no daba para ganar. Lo que ocurrió es que esa gran mayoría de los estratos uno y dos llegó a la conclusión, a través de una experiencia muy dolorosa, de que tenía que sacudirse de eso.

¿Se dieron cuenta a las malas de que no podían seguir en manos de quienes estaban?
Así es. A Magangué le correspondieron unos 22.000 millones de pesos por ayuda invernal. Se perdieron completamente. La gente, viviendo en la copa de los árboles, sabía que eso iba a ser así. Entonces, me puse a la tarea de visitarlos a todos de puerta en puerta. Magangué tiene 82 barrios y 42 corregimientos. Me compré unas botas y me los recorrí todos. Los de la 'Gata' pensaron: "Este tipo otra vez viene a molestar". Pero no calcularon nunca que había un malestar profundo, extendido, que anunció que se iba a manifestar y que lo hizo. La gente me decía por ahí: "Vamos a coger la platica de los votos, pero vamos a votar por usted".

¿O sea que la gente en Magangué se dejó comprar el voto, pero le puso conejo al comprador, porque votó por usted?
Así es. No votaron por el candidato de la 'Gata'. Lo tumbaron. Fue una operación exitosa contra un aparato de compra de votos fuera de serie. Un acto revolucionario.

¿Al desafiar un poder mafioso político tan grande, tan peligroso, tan consolidado, no pone en riesgo su vida?
Hay un riesgo indudable. Una vez metieron a unos pistoleros en una concentración. Pero a mí la gente me quiere mucho allá y es una protección. Me avisan: "Vienen, se fueron, están".

¿Hoy la 'Gata' está libre?
Tiene casa por cárcel, pero va allá cuando quiere. Le dan permiso de circular porque está enferma. Dice que tiene residencia en Magangué, pero también tiene casa en Montería y en Barranquilla, que es su sede principal.

Increíble. ¿Una casa por cárcel funciona en muchas casas?
Sí. Ella va y viene.

La izquierda latinoamericana tiene muchos matices. Usted ha sido, por ejemplo, un crítico acérrimo del apoyo que Hugo Chávez les brinda a las Farc...
No creo que en Colombia, después de que se terminó la violencia vieja liberal-conservadora, hayan surgido jamás condiciones para una guerra civil. Soy cofundador del Moir. El Moir fue la única corriente de izquierda que siempre se opuso a la vía armada por razones que tienen que ver con las condiciones concretas del país.

Usted ha afirmado que hay un nexo oficial entre el Estado venezolano y las Farc. ¿Cree que a 'Timochenko' lo protegen en territorio venezolano?
No tengo información concreta, pero hace tiempo que era visible que Chávez estaba enredado, y mal enredado, con eso.

¿Cree que las Farc han frustrado el ascenso de la izquierda en Colombia?
Por supuesto. Es la peor tragedia que le ocurrió al proceso democrático colombiano. Lo abortó. Aquí no habríamos tenido paramilitarismo y toda esta apología de sangre y de dolor si no hubieran existido las Farc.

Pero, según usted, las salidas del país 'están más cerca del marxismo que del uribismo'.

Toda la vida. América Latina está viviendo una transformación que forma parte de una ola mundial, lo que han llamado los indignados, que no es muy ideológica, pero que tiene una dinámica objetiva, y la única doctrina que ofrece una explicación para eso es el marxismo.

¿Interpretado como un desencanto con lo que hay?
Un desencanto y una actitud revolucionara ante lo que hay. Aunque se manifiesta en el marco institucional, de manera pacífica, civilizada, pero eso es lo que discurre ahora en el mundo.

¿Por qué se salió del Polo?

Lo de los Moreno contribuyó. Pero antes de que eso ocurriera, en el Polo había la vieja discusión, que se circunscribía a los grupos de izquierda, que de pronto se volvió pública y con una audiencia muy grande: que el Polo tenía que asumir una posición definida, sin ambages, sin medias tintas, frente al terrorismo y a la violencia. Y hubo una renuencia a hacer eso. No nos pusimos de acuerdo.

¿Cree que la culpa de esas ambigüedades la tuvieron ciertos dirigentes, como Carlos Gaviria y el senador Jorge Enrique Robledo?
Por supuesto. Robledo desnaturalizó el Moir. El Moir no es eso que él encabeza hoy. No se fundó con esa orientación. Está enredado también en eso, y no sé a dónde irá a parar este asunto.

Me llama mucho la atención esa pelea con Robledo, otro reconocido moirista. ¿A qué se debió?
A que yo les dije que con la extrema izquierda no había manera de encontrarles una salida a los problemas de Colombia. Siempre fuimos partidarios de que esto lo puede cambiar una coalición muy amplia, de un espectro ideológico que vaya desde la derecha civilizada hasta la izquierda, incluso hasta la extrema izquierda ideológica, no actuante.

¿Eso no indica demasiado pragmatismo de su parte?
El marxismo es pragmático.

¿Así que pudo llegar a la alcaldía por una alianza con otros partidos?
Llegué apoyado por una coalición que iba desde 'la U' hasta Progresistas.

Usted es un alcalde de izquierda, pero elegido en representación del Partido Verde.
El Progresismo es un movimiento sin personería, había que recoger firmas. Ese no era el problema, sino que había que pagar un aval de ciento y pico de millones y no había manera de hacerlo. Desde luego, con los verdes también hay una afinidad; ahí está Lucho Garzón, con el que he compartido luchas políticas.

¿Será que Petro, Garzón y usted terminan encontrándose en los Progresistas?
Creo que eso es lo que sigue.

¿Cree que el futuro de la izquierda colombiana está por fuera del Polo?
El Polo quedó reducido a un cascarón que controlan el Partido Comunista y el Moir. Ya no es esa coalición de gran aliento que resultaba atractiva para toda la galería de matices políticos de Colombia.

¿No cree que con la crisis moral del Polo la izquierda queda muy reducida como opción política en el país?
Por supuesto que no. La izquierda es Petro, la izquierda es Marcelo.

Y Antonio Navarro, que a buena hora ha sido llamado por Petro como secretario de Gobierno.
Y Lucho Garzón.

¿Pero no es muy poco que los únicos bastiones de la izquierda elegidos sean solamente usted y Petro?
Para nada. Colombia está cambiando. La victoria de Petro es un campanazo enorme. Lo oyeron hasta los sordos.

¿Eso es suficiente para decir que con usted y Petro la izquierda está renaciendo en Colombia?
No hay duda. Vamos a eso. El país va a cambiar. Aquí va a haber una confluencia, pero lo que eso va a ser todavía no se ha decantado bien. Estamos en ese proceso.

María Isabel Rueda
Especial para El Tiempo