Los progresistas y las alianzas



No es tarea fácil, toda vez que empezar cosas en política demanda tiempo, organización, plata y aciertos. Seguramente la principal batalla se librará en la capital, en la alcaldía y el Concejo. A favor cuenta el desprestigio del Polo, cuyas directivas andan empeñadas en una estrategia defensiva, poco autocrítica respecto a sus errores, pues en vez de reconocerlos para poder tratar la enfermedad, siguen empeñados en tratar de demostrar que igual en todos los partidos hay más corrupción que en el Polo y que los jueces tienen la palabra. ¿Y entonces para que la política y la ética?
Por el lado de los verdes, el tsunami que ilusionó con Mokus a la presidencia, ha pasado a pequeña ola inofensiva y acomplejada que en Bogotá establece alianza con el “todo vale uribista ” liquidando de tajo las expectativas de muchos verdes y juventud hastiada de lo mismo.
Tiene entonces, el Movimiento Progresista, la difícil tarea de ACERTAR en las primeras de cambio, al no poseer aún una estructura organizativa, ni plata, ni tiempo. En muchas regiones los candidatos progresistas tendrán que acogerse a un aval verde, liberal, o de la Asi, pues lo de la firmas está bien complejo, quedando estos, si ganan, aprisionados en los estatutos de quien los avaló. Ahora, el apoyo o fortalecimiento de una corriente democrática nacional para debilitar el uribismo mafioso no puede ser a cualquier precio, como sería apoyar a candidatos corruptos de otros partidos.
Si no hay candidatos propios quedan las alianzas con sectores alejados de uribistas recalcitrantes y de corruptos. Cosa difícil, pues no todos los uribistas son parauribistas y no todos los no uribistas son santos. Quiero decir, que en este tema es falso el dilema que solo queda apoyar al resto contra cualquier uribista. Sobre todo tratándose de un movimiento en construcción que no lo obliga por ahora ningún estatuto, pero si el deber moral de mantenerse unido cuando menos y mientras pasa el chubasco electoral de apoyar gente decente de otros partidos, o no apoyar a nadie.
En pocas palabras, entre un parauribista o un corrupto liberal, el progresista tiene el derecho a no votar por ninguno de los dos y más bien sino hay por quien votar, pues mantener el recién nacido lejos de los lobos y dedicarse a construir de nuevo, lo nuevo. Los viejos paradigmas de la extrema izquierda y extrema derecha de “aliarnos hasta con el diablo” “el todo vale” o “combinar todas la formas”, están mandadas a recoger, la ciudadanía hoy reclama transparencia, honestidad y ética en la política, tanto en la forma como en el contenido.
Son elementos muy puntuales que en cada municipio o departamento del País, los progresistas tendrán que decantar con inteligencia y mucha fraternidad, guiados por la consigna de “cero corrupción y por la justicia social” que Petro lidera, y ayudados por el consenso o la libertad de voto para evitar el fraccionamiento temprano.


Por Jaime Vargas


Tomado de:  http://polog.blogsome.com