Leon Valencia

Uribe: seis campañas, seis escándalos

Por: León Valencia

Escribo esta columna solo porque el senador Uribe ha anunciado que presentará una ley contra la corrupción y líderes afines a su pensamiento han anunciado una marcha nacional contra el fenómeno el primero de abril. Solo por eso. Por la gran ironía de estos anuncios. Por la enorme paradoja que representan. No es agradable, no es novedosa, no creo que esto le importe a mucha gente.

Pero no pude espantar las imágenes de las seis campañas nacionales en las que, a lo largo de 15 años, ha sido Uribe el personaje determinante y en ellas se han presentado, uno tras otro, grandes escándalos de corrupción y de interferencia de fuerzas ilegales. Con Uribe las campañas presidenciales y las consultas populares descendieron a los infiernos.

No voy a cometer el abuso de decir que Uribe ha sido el único que por acción o por omisión ha permitido la captura de las campañas por empresas privadas legales o por ominosas fuerzas ilegales. Eso se convirtió en el pan de cada día en las competencias electorales desde los años ochenta y el caso más sonado fue el de Ernesto Samper en los años noventa. Pero con Uribe estas prácticas llegaron a su apogeo e infectaron todo el tejido democrático.

El país recibió con asombro el triunfo arrollador de Álvaro Uribe Vélez en la primera vuelta presidencial en la campaña de 2002. Había tenido un ascenso meteórico en las encuestas entre marzo y mayo, pero aun así nadie esperaba que dejara regados a sus rivales y liquidara la competencia antes de la segunda vuelta.

100 días del acuerdo de paz

Por: León Valencia

La mano artera de las fuerzas que se oponen al acuerdo es evidente. La respuesta del gobierno también es la misma a la de hace 30 años. El ministro de Defensa, repite una y otra vez que no hay nada sistemático en los asesinatos.

En la Fundación Paz y Reconciliación le hicimos un seguimiento paso a paso a lo que ocurrió en los primeros 100 días del acuerdo de paz. El balance es dulce, muy dulce, en puntos esenciales como el respeto de la fuerza pública y la guerrilla al cese bilateral y definitivo de las hostilidades; la concentración de las Farc y el inicio del desarme; la disminución ostensible de las confrontaciones bélicas, los homicidios, los secuestros y los desplazamientos forzados; también por los mensajes de reconciliación que empiezan a florecer en todo el país.

Pero es agrio, muy agrio, por el incumplimiento del gobierno en la adecuación oportuna de las zonas veredales de transición y normalización; la creciente ocupación de los territorios donde operaban las Farc por otras fuerzas ilegales y la persistencia de los cultivos ilícitos en esos lugares; el asesinato de 29 líderes sociales ligados a la paz y la ocurrencia de 116 amenazas; los ires y venires que se presentaron en la salida de los menores de edad de las filas guerrilleras; las disidencias o deserciones que se han presentado en algunas zonas; la lentitud y las controversias con las que el gobierno y el Congreso están tramitando las leyes y decretos que pondrán en marcha el pacto suscrito en el Teatro Colón; la solapada estrategia del uribismo contra los acuerdos; y la indiferencia de una parte de la sociedad ante la terminación de una dolorosa guerra que duró 52 años.

El asesinato de Yuliana, fermento del resentimiento social

Por: León Valencia

Un castigo pronto y ejemplar y la promoción de la censura social a la prepotencia, al machismo, al abuso de quienes ostentan dinero son más eficaces que la palabrería sobre cadena perpetua o castración que se desata para esconder el rabo de paja de la sociedad.

¡Ojo! Actitudes como las que vivimos en la violación, la tortura y el asesinato de la niña Yuliana Samboní son el fermento de críticas incontrolables a las elites y de graves confrontaciones sociales. Son también un pésimo ejemplo para toda la sociedad. Un hombre de apellidos sonoros, educado en los principales centros educativos del país, perteneciente a un exclusivo círculo de Bogotá, a plena luz del día comete un crimen horrendo y desata una insospechada ola de indignación.

Como lo demostraron las primeras investigaciones, las acciones de Rafael Uribe Noguera no fueron locuras del momento, arrebatos, impulsos incontrolables en medio de un delirio, fueron actos calculados. Tampoco tuvieron este signo las labores de encubrimiento realizadas por su familia y el silencio sobre el nombre del agresor que en principio guardaron algunos importantes medios de comunicación.

Las paradojas colombianas

Por: León Valencia.

Dije que ahora todo dependía de que las fuerzas militares y la policía mantuvieran su fidelidad a Santos, la comunidad internacional su apoyo y las movilizaciones populares su presencia

Estaba invitado primero a Washington y luego a Madrid, a partir del martes 4 de octubre, para hablar del posconflicto que arrancaba con la firma y la refrendación del acuerdo; y de repente ocurre que gana el No en el plebiscito y quienes me invitaban, agentes del gobierno, del Congreso, de los empresarios y de las organizaciones no gubernamentales, deciden mantener las reuniones y cambiar el libreto, para buscar una explicación de la derrota del Sí y aventurar un futuro inmediato de la paz. En medio del desconcierto se me ocurrió presentar la situación del país como un cúmulo de paradojas.
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