La necesaria reinvención de la lucha sindical colombiana

Por: Edwin Palma Egea. Tomado de Las2Orillas.

La designación de Alicia Arango, uribista dura, como Mintrabajo es prueba de que vienen con todo. Hay que seguir luchando, el mundo del trabajo ha cambiado, el sindicalismo no se puede quedar atrás.

El sindicalismo colombiano deberá enfrentar a Duque, a los empresarios y a su ministra de Trabajo. Es evidente que con una tasa de sindicalización estancada en 4.6 por cada 100 trabajadores y la atomización en más de 5000 organizaciones registradas, los sindicatos carecen de fuerza y capacidad de negociación frente al empresariado, que cada día se concentra, trasnacionaliza y empodera más. Tampoco ayuda la jurisprudencia de la Corte Constitucional y la Corte Suprema que deciden casi siempre a favor de los empresarios sobre asociación sindical y negociación colectiva, restringiendo la libertad sindical, debilitando nuestro movimiento.

El promedio de afiliados por sindicato ronda los 150 miembros lo que los hace impotentes para actuar. Muchos líderes parecen felices ante tamaña debilidad, aspiran a su convención o su laudo, permisos, fueros y algún auxilio. Vivimos tranquilos con el esperpento judicial de que aunque un trabajador solo se puede beneficiar de un convenio colectivo, puede afiliarse al número de sindicatos que quiera.

El de huelga, como lo hemos advertido en otras columnas, es un derecho difícil de ejercer en Colombia por su excesivo ritualismo legal, y aunque en 2008 cambió el procedimiento, no cambiaron las normas sustantivas, vigentes desde 1950. Para declarar una huelga que cumpla los pesados requisitos de la ley se necesitan sindicatos grandes y fuertes con poder de movilización y presión, no solo buenos abogados.

Pero no nos podemos quedar sentados esperando la reforma ante las puertas de la ley. Hay mucho que podemos hacer. Mientras conquistamos una reforma constitucional que garantice la representación sindical, la negociación colectiva por rama, o se reforma el derecho de huelga, hay que seguir luchando y adelantando por fin procesos de autorreforma, de los que mucho discurso se ha hecho y casi nada se ha concretado.

Sobre esto ha venido hablando el profesor Marcio Tulio Viana quien ha señalado que en el presente la huelga debe convivir con el boicot, entendido este como, la apropiación de la imagen de las empresas por parte de los sindicatos para la defensa de los intereses de los trabajadores. El maestro explica en un interesante ensayo la crisis por la que atraviesa el derecho de huelga a escala global y la necesidad de seguir luchando mediante acciones colectivas que no desafíen los tribunales de justicia. En sus propias palabras: “…no se trata de una alternativa, en el sentido de “o esto o aquello”. A corto plazo, por lo menos, huelga y boicot pueden andar juntas…”.

Por los cambios sociales y políticos veloces que vive el mundo las organizaciones de los trabajadores deben repensarse, resignificarse a través de la acción colectiva, de luchar de otras formas y con nuevos aliados.

Precisamente, el profesor Beethoven Herrera Valencia opinaba recientemente que los sindicatos vienen cambiando de estrategia y destacaba los logros sindicales obtenidos mediante luchas internacionales en el marco de la OIT, las campañas contra los tratados de libre comercio y la OCDE, en donde, gracias a la movilización global, hay mejores condiciones laborales para los trabajadores colombianos. Y es que gracias a esa lucha sindical global es que se están poniendo en el debate público la posibilidad de eliminar los pactos colectivos, o el fortalecimiento de la inspección, vigilancia y control sobre la tercerización laboral. En el escenario internacional hay una gran oportunidad para la acción sindical.

Ante los retos que enfrentaremos en estos cuatro años, nos toca salir a las calles a defender nuestros derechos, pero en la negociación colectiva, en el lobby legislativo y en la acción global del sindicalismo colombiano, tenemos que echar mano de la “apropiación” de la marca empresarial, es decir de su reputación, para defender a los trabajadores.

En esa apropiación de la marca, a través de redes sociales y campañas globales, tenemos una importante oportunidad. Por eso la comunicación pública es un asunto al que deben apuntar las organizaciones sindicales, planeando la acción, definiendo estrategias, generando contenidos e información, a partir del conocimiento de nuestros públicos, convirtiéndonos en reeditores que promuevan en la sociedad la defensa del trabajo y los trabajadores como columna vertebral de nuestro país.

Las redes internacionales de trabajadores han vuelto comunes los Acuerdos Marco y los sindicatos globales, para establecer, en medio de tanta corporación trasnacional, los mínimos laborales que deben respetar las empresas. Por ejemplo, en el caso de Prosegur, la UNI ( Sindicato Global) nos ha dado ejemplo de cómo se libran esas batallas a nivel internacional, sin las cuales no sería posible hacer sindicalismo en Colombia en una empresa antisindical. Con un acuerdo marco global también empezó el sindicalismo en las tiendas de Cencosud, que se mantiene gracias al tesón de su liderazgo juvenil.

La semana pasada se hizo viral a nivel global, una singular protesta del Sindicato de Obreros de la Empresa Innova Ambiental de Lima, Perú, que, como señal de inconformidad, barrieron las afueras del Palacio de Justicia, rechazando la corrupción, exigiendo limpiar la rama judicial y reclamando más puestos de trabajo. Esta especie de “subvertising” tuvo más impacto mundial que cualquier forma tradicional de reacción sindical, tuvo cien veces más impacto que un aviso tradicional de prensa.

Hoy hay múltiples maneras de hacer acción colectiva sindical, que no ponen en riesgo a organizaciones ni trabajadores y tienen grandes impactos en consumidores y ciudadanía que se informa sobre los estándares laborales de las marcas corporativas y que son mecanismos de presión. Hay que echarles cabeza. Hay que crearlas.

El nombramiento de la señora Alicia Arango, uribista dura, como ministra de Trabajo, es prueba de que vienen con todo y por todo. No los dejaremos. Hay que seguir luchando con inteligencia. El mundo del trabajo ha cambiado, el sindicalismo no se puede quedar atrás.