Indígenas

Los Kuna, una pequeña nación en el corazón de América

En el paraíso remoto del archipiélago de San Blas en Panamá, a escasas millas de la la frontera colombiana, persisten más de 300 islas de arena blanca y agua cristalina del Caribe Central que pertenecen a los Guna o kuna, 49 comunidades que se han convertido en una pequeña nación que posee una organización política y administrativa autónoma en Panamá.

En el paraíso remoto del archipiélago de San Blas en Panamá, a escasas millas de la la frontera colombiana, persisten más de 300 islas de arena blanca y agua cristalina del Caribe Central que pertenecen a los Guna o kuna, 49 comunidades que se han convertido en una pequeña nación que posee una organización política y administrativa autónoma en Panamá. Este régimen empezó a constituirse mediante leyes e instituciones propias a la raíz de la revolución sangrienta de 1925, también conocida como revolución Kuna, en la que las comunidades indígenas se rebelaron ante las autoridades panameñas, que obligaban a los indígenas a occidentalizar su cultura a la fuerza. Desde el 23 de marzo de 2001 se le atribuye toda la independencia para cualquiera de los proyectos que pretendan desarrollar en sus territorios.

El pueblo kuna yala destacó siempre por un apego incondicional a la conservación de su hábitat y sus valores tradicionales. Para toda la comunidad la preservación del conocimiento del patrimonio histórico-cultural pasa por la formalización de los centros educativos y programas propios dirigidos y diseñados por las autoridades competentes de la región que forman parte del Congreso General de la Cultura. En la escuela es obligatoria la enseñanza de la religión Ibeorgun que, según los kuna, engloba un sistema integrado de valores, instituciones, historia, lengua y costumbres que ha terminado fundamentando la identidad de este pueblo manifestándose a través de su filosofía, arte y sistema socio-político.

La pelea de los nasas con las petroleras en Colombia.

omal.info

Por: Edinson Bolaños.

En la vereda La Manuela, del municipio de Puerto Asís (Putumayo, Colombia), cerca de la frontera con Ecuador, los indígenas nasas están llorando. La guardia ancestral merodea por la carretera que la empresa Gran Tierra está abriendo para la exploración petrolera y, en medio de la presencia del Ejército, que condiciona su tránsito, pretenden paralizar la obra porque arqueólogos autorizados por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) encontraron el pasado 1° de julio una olla ancestral. “En el área del proyecto se profanó un sitio sagrado, lo cual genera desarmonía y desequilibrio tanto físico como espiritual. Exigimos que se suspendan de inmediato las actividades del proyecto. Este es un territorio donde se conservan rasgos físicos y espirituales de culturas que allí habitaron”, dice Serafín Ramos, consejero de derechos humanos del resguardo Kiwnas Chxab del corredor Puerto Vega-Teteyé, mientras caminamos por la trocha.

La agonía del Clan Ipuana

Tomado de arcoiris.com.co

El domingo 31 de mayo de 2015, en horas de la mañana a las 6:00 en punto el celular sonó, interrumpiendo así, el reparador descanso. Una voz viril con dejo de preocupación, me dio los buenos días; intrigado, atine a decir, “buenos días, ¿con quién hablo?”, este hombre se presentó “Soy un líder del Clan Ipuana de Alitayen y a usted me lo recomendaron como miembro de la Corporación Nuevo Arco Iris quien nos puede ayudar en difundir la situación en la que nos encontramos”. A partir de ese momento quedé atrapado por la magia desesperante del Clan Ipuana de Alitayen que se encuentra en la alta Guajira y es uno de los 30 clanes de la etnia Wayuu que hoy  vive ‘la agonía del jaguar’, en la proximidad de extinguirse como especie, clan, familia y parte de un pueblo.

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