Mensaje de advertencia

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Hiroshima y Nagasaki, la pesadilla nuclear en nombre de la libertad

70 años después del infierno en la tierra.
Por equipo de redacción Renovación Sindical.

Foto: Enola Gay, “Los buenos muchachos que arrojaron las bombas atómicas en defensa de la libertad”.                           

El 6 y 9 de agosto de 1945, hace 70 años el mundo conoció la capacidad destructiva de la especie humana, al ser arrojadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón las dos primeras bombas atómicas  de uso militar, en el intento logrado por Estados Unidos de detener el avance de la Unión Soviética que paradójicamente ganaba la guerra  a costa de millones de muertos en tierra Europea, necesitando La potencia del Norte un golpe  espectacular para fortalecerse como uno de los ganadores.  El más poderoso, de la segunda guerra Mundial.
Su víctima: Japón,   que no podía igualar el fuego aliado con los Kamikazes y estaba encerrado, pues sus compañeros del eje estaban derrotados, sin embargo era el blanco perfecto para servir de escarnio a los belicosos, y posicionar a los Estados Unidos  en la repartición del Mundo que se consumaría en Yalta más tarde.  Una movida eficaz en el ajedrez de la guerra que significó de inmediato más de 300mil muertos, justificados con la doble moral de los dominadores.

Pero… ¿qué es una bomba atómica? ¿Cómo podemos entenderla?

En 1938 los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassman probaron que el átomo de uranio se divide en dos fragmentos del mismo tamaño, cuando se bombardea con neutrones. Los núcleos resultantes se separan uno de otro a gran velocidad. Parece muy probable que durante la fisión se liberen neutrones libres que puedan a su vez descomponer nuevos núcleos; el proceso se repetiría así hasta el infinito. A principios de siglo, los físicos que midieron el calor liberado por la lenta desintegración del radio habían calculado que la fisión completa de este en sus productos finales (plomo y helio) originaba una cantidad de calor 250.000 veces mayor que la correspondiente a la combustión de la misma masa de carbón. Si provocamos una reacción en cadena, en la cual unos neutrones iniciales descomponen átomos de uranio con la consiguiente producción de más neutrones que repiten el mismo proceso, se generará una intensa energía explosiva. Y esta repetición del proceso recibe el nombre de reacción en cadena.

En 1.939 un reducido número de físicos que eran conscientes de la cantidad de energía que podría liberarse con la fisión nuclear se conocían entre sí. Casi todos habían cursado estudios antes de la guerra en la universidad de Gotinga. Edward Teller, Niels Bohr,  Weizsácker,  Leó Szilárd y Eugene Wigner, creían que la energía liberada por la fisión nuclear debía estar siendo perseguida para la producción de bombas por los alemanes, por lo que persuadieron a Einstein, el físico más famoso en Estados Unidos, para que advirtiera de este peligro  a Roosevelt el presidente Norteamericano, señalando las inmensas posibilidades de la investigación atómica con el uranio: "este nuevo fenómeno permitiría la fabricación de bombas".

Albert Einstein a pesar de ser un pacifista convencido, conocía bien el carácter y la carrera armamentista del régimen de Hitler, interesado en la obtención del formidable instrumento de destrucción. No participó en los experimentos para el desarrollo de la bomba de fisión en Los Álamos.

El 16 de julio de 1945, la primera  bomba atómica  experimental llamada Trinity fue detonada en Álamo Gordo, Nuevo México. El 7 de mayo anterior se realizó una detonación de 100 toneladas de dinamita  como prueba para la calibración de la instrumentación. Para la prueba en sí, el dispositivo nuclear de plutonio, se colocó en la parte superior de una torre de acero de 20 m para su detonación.

La detonación estaba programada para las 04:00 pero la demoraron hasta las 05:29 esperando por mejores condiciones climáticas. Los colores observados de la iluminación variaban desde morado hasta verde, y eventualmente a blanco. El estampido de la explosión tardó 40 segundos en alcanzar a los observadores y la onda de choque pudo sentirse a 160 kilómetros de distancia. La nube en forma de hongo alcanzó 12 kilómetros. Produjo una cantidad inesperada  de energía, 20 kilotones, equivalente a 20.000 toneladas de  dinamita. La información fue comunicada de palabra a Truman durante la reunión de Potsdam. Había  sido exitoso el experimento que acabaría con  Hiroshima y Nagasaki unos días después.

El 6 de agosto se consuma el primer ataque  sobre Hiroshima…

Sobre el cielo  el resplandor de una luz blanquecina rosada, acompañado de una trepidación monstruosa que fue seguida inmediatamente por un viento abrasador que barría cuanto hallaba a su paso. Las personas quedaban calcinadas por una ola de calor abrasador. Muchas personas murieron en el acto, otras yacían retorciéndose en el suelo, clamando en su agonía por el intolerable dolor de sus quemaduras de temperaturas de más de 4mil grados centígrados...

Pasados los minutos masas de gente quemada totalmente pero viva con jirones de piel colgando, mutilados por los escombros, algunos quemados parcialmente sólo por el lado expuesto a la explosión. Caminaban sedientos y se tiraban al río, donde muchos se ahogaron en masa. Los incendios se sucedían uno tras otro.

Media hora más tarde empezó a suceder un efecto extraño: empezó a llover una lluvia de color negro. Esta lluvia traía el carboncillo condensado de todo material orgánico quemado (entre ellos las víctimas humanas), y del material radiactivo de la bola de humo que se había levantado. Esta lluvia causó muchas víctimas días después por anemia, espasmos y convulsiones de origen hasta entonces misterioso.

El caos, el desconcierto y la ruina fue total. El paisaje calcinado adquirió un tono gris uniforme, como si el color se hubiera extinguido, el pasto se volvió rojo grisáceo, el 92% de las edificaciones sólidas de Hiroshima fue arrasado.


El hongo atómico sobre Hiroshima.


Desierto atómico, después de la explosión.


Las ruinas de una ciudad próspera.


Todo ser viviente, evaporado o calcinado.
                              

Pocos sobrevivientes gravemente heridos que fallecieron días o meses después.

El emperador Hirohito y el estado mayor del imperio del sol naciente no podían explicar de manera  acertada  la gran cantidad de muertos  por el ataque que ellos no sabían entender, y por eso no difundieron la noticia de manera inmediata, Estados Unidos esperaba la rendición  incondicional de Japón y al no obtenerla deciden un segundo ataque  no menos letal sobre Nagasaki el 9 de agosto. Se repite la nefanda historia de miles de muertos, esta vez  la rendición de Japón satisface al imperio, y conscientes del fin de la guerra se repartirán el mundo entre los tres grandes Gran Bretaña, Unión Soviética y Estados Unidos, dejando tras de sí millones de muertos,  y una sensación de inseguridad mutua que daría inicio a lo que se conoce como LA GUERRA FRÍA.

En tanto Japón con la” ayuda generosa de su victimario” emprenderá la larga reconstrucción, contando con una forma  deplorable de discriminación de las victimas sobrevivientes del holocausto nuclear conocidos como LOS HIBAKUSHA una palabra en japonés que literalmente significa 'persona bombardeada'.

Ser hibakusha, aseguran los supervivientes, era como una maldición, que los estigmatizaba. Además de las enfermedades a las que se enfrentaron, estos supervivientes, también tuvieron que lidiar con el rechazo del resto de la sociedad, vivían ocultando su condición ya que nadie quería casarse con personas como estas e incluso le negaban trabajos si se llegaba a conocer que eran hibakusha.

Hoy 70 años después, el hombre posmoderno  ha olvidado deliberadamente  este infierno creado por Él, prefiere la globalización de los medios para olvidar y nunca para recordar, que la contaminación causada por esta “batalla por la libertad” es seguramente la responsable del aumento de enfermedades como el cáncer, y la desaparición de especies, y el recalentamiento global, y no solo la devastación de la industria.

¡¡¡ NUESTRO PEOR ENEMIGO... ES EL OLVIDO !!!

Fin.