¿Fin del trabajo o de la relación laboral?

Por: Fabio Arias Giraldo

Con la llegada de la revolución industrial 4.0, de la robótica, la inteligencia artificial, el internet de las cosas, etcétera, se ha venido despertando una expectativa encaminada a señalar la posibilidad del fin del trabajo. Es cierto que la robótica y la inteligencia artificial irán desplazando todos los trabajos rutinarios y repetitivos que hoy conocemos. Ello por lo demás sería muy provechoso y conveniente para la mayoría de quienes hoy desempeñan este tipo de trabajos que son monótonos, alienantes, desmotivantes y que no representan mayor pertinencia.

Así pues los trabajos requerirán unos mayores niveles de capacitación, de innovación, de creación y alto desarrollo técnico y profesional de quienes lo desarrollen. Serán pues trabajos de mayor motivación y creatividad. Se podrá concluir entonces, que el trabajo no tendrá fin y será siempre un factor de motivación y de generación de riqueza. Esto viene llevando a que los países más industrializados tengan jornadas de trabajo mucho más cortas, logrando así entre los trabajadores mayores disposiciones para el bienestar de sus familias, ocupando mayor tiempo en labores de entretenimiento, ocio y cuidado. Sin embargo, esto no está ocurriendo con los mal llamados “emprendedores” de la economía colaborativa, que laboran en las plataformas digitales, por ejemplo, de Uber o de Rappi.

Tal como lo han venido mostrando diversos estudios, tanto en Europa, como en Estados Unidos y cómo se viene hoy conociendo en Colombia que quienes se desempeñan en estas labores tecnológicas, su actividad los obliga a estar disponibles a toda hora en cualquier sitio público sin consideración por las condiciones climáticas o de las mínimas atenciones a sus necesidades fisiológicas, con lo cual quedan expuestos a larguísimas jornadas de trabajo sin que nadie le reconozca dicho tiempo disponible.

Pero adicionalmente dicha persona no tiene ninguna relación contractual de carácter laboral ni con el dueño de la plataforma, ni con ninguna de las empresas a las cuales acude para la prestación del servicio solicitado por alguno de sus clientes, con lo cual toda la situación de seguridad social y de prestaciones sociales es desconocida por el dueño de las plataformas y las empresas beneficiarias de su labor.

Se pierde de esta manera con la utilización de las nuevas tecnologías la relación laboral derivada en este tipo de actividades por lo cual, los empresarios tanto de las plataformas como de quienes producen y comercializan los productos que dicho trabajador lleva a sus clientes, se ahorran toda la seguridad social y las prestaciones sociales que equivalen por lo menos al 50 % de lo que se obligaría en una relación laboral regida por las normas del código sustantivo del trabajo y los convenios de la OIT.

Y por añadidura, dado el carácter de “emprendedor digital”, es decir, que dice ser, es un trabajador independiente y qué es su propio patrón pues empiezan hacerle creer de que no tiene ningún derecho ni laboral ni sindical y con ello se incentiva el individualismo, asumiendo los riesgos de la actividad que desarrolla en las plataformas digitales.

Dado el carácter de “emprendedor digital”, es decir, que dice ser, es un trabajador independiente y qué es su propio patrón pues empiezan hacerle creer de que no tiene ningún derecho ni laboral ni sindical

Temas tan delicados como los riesgos laborales o los accidentes de trabajo o las incapacidades que de allí se puedan derivar, no tiene ninguna forma de tener un recurso o una seguridad social que lo pueda atender cuando esas circunstancias difíciles aparezcan.

Estaremos entonces ante una eventualidad igual a la que tenían los trabajadores a mitad del siglo XIX donde el trabajador no tenía si no largas jornadas de trabajo,14 o 16 horas, en un puesto sin ninguna protección, sin seguridad social, sin ninguna prestación económica distinta a lo ganado en el día a día.

Este es el objetivo central que hoy tiene el gran empresariado de las grandes corporaciones multinacionales que con todos los avances tecnológicos mantiene una deslocalización de sus empresas y de sus productos, pudiendo trasladarlos de un sitio a otro, regularmente donde el valor de la mano de obra sea más barata y donde tengan gobiernos que incentiven “sus inversiones” logrando flexibilizar al máximo el contrato de trabajo hasta el punto tal de que prácticamente se elimine la relación laboral.

En Colombia los trabajadores han perdido en los últimos 30 años cerca de un 6 % de su participación en la repartición en el producto interno bruto entre capital y trabajo, como resultado de todas las reformas laborales pensionales y tributarias efectuadas, donde se ha abaratado el valor de la mano de obra y se han disminuido las responsabilidades tributarias de las grandes empresas y de los empresarios. Estos seis puntos en el PIB significan $60 billones anuales que no le pagan al trabajador y que van a las arcas de las grandes corporaciones y el capital financiero y por lo cual hoy viene siendo Colombia uno de los tres países a nivel mundial con mayor grado de desigualdad.

Flexibilización laboral y nuevas tecnologías vienen siendo el mecanismo expedito para que el gran empresariado, se apropie del producto del trabajo de millones de trabajadores colombianos y en esa medida debilitan la relación individual y colectiva de los trabajadores.

En Colombia todo esto está enredado con la violencia antisindical que en el medio del conflicto armado logra debilitar aún más la organización de los trabajadores y espantar a muchos de ellos a realizar acciones colectivas frente a tanta precariedad en el empleo, tanto del viejo trabajo de las anteriores revoluciones tecnológicas como de las nuevas y más recientes. Así se explica la baja tasa de sindicalización que no supera el 5 % de la población económicamente activa.

Pero si en el siglo XIX, los trabajadores, con muchos sacrificios es cierto, lograron superar esas altísimas precariedades a las cuales hoy nuevamente nos llevan, no se ve por qué no podamos hoy volver a lograrlo, mucho más cuando el tipo de trabajador, más profesional e intelectual, logrará descifrar estos nuevos desafíos de la flexibilización laboral y las nuevas tecnologías que pretenden eliminar la relación laboral. Así lo entiende hoy la OIT que para la celebración de sus 100 años invita a gobiernos, empresarios y trabajadores a realizar un ” nuevo contrato social” que defienda las instituciones del mundo del trabajo y se recupere la aplicación del trabajo decente, es decir, empleo e ingresos dignos, seguridad social, libertades sindicales y un efectivo diálogo social. Los empresarios de las plataformas, productores y comercializadores, se ahorran la seguridad social y las prestaciones sociales de quienes hacen la mensajería