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El modelo de diálogo social en Alemania y el caso del sindicato IG Metal

Este año, la negociación colectiva del sindicato de la industria del metal alemán, IG Metal, tiene un especial significado, por lo que puede significar en la contención del modelo de desregulación de las relaciones laborales que se está imponiendo en el mundo, y del que no escapa el modelo de relaciones laborales de Alemania.

El IG Metal, con 2´400.000 trabajadores afiliados de la industria minera, metalúrgica, metalmecánica y de la química, entre otros, es quizás el sindicato más grande del planeta, si excluimos los sindicatos chinos, que están completamente subordinados a la estructura del Partido Comunista chino que controla el Estado y la economía de ese país.

En el modelo de diálogo social alemán, la negociación colectiva puede realizarse en tres niveles: el de empresa, entre empresa y comité de empresa; el de nivel territorial y el de nivel de la rama o sector económico, en ambos casos entre sindicatos y asociaciones patronales.

Esta vez las negociaciones involucran a los trabajadores del sector de la industria del metal y tiene tres objetivos: el primero, un incremento de los salarios del 6.5%, que se sustenta en un IPC de 2.1%; un incremento de la productividad del trabajo del 2.8%; y un incremento de las horas trabajadas del 2.8%. El segundo objetivo es la garantía de contratación laboral para los aprendices una vez terminen su etapa de formación en las empresas. Y el tercero, la incidencia de los comités de empresa en la regulación de la contratación de temporales, una reivindicación que responde al incremento desbordado de la contratación temporal y de las desigualdades salariales (cerca del 40%), entre trabajadores estables y temporales.

Las ofertas de la patronal se limitan únicamente a un 3% de incrementos salariales para 14 meses, y a incrementar la remuneración de los temporales, sin renunciar para nada a la flexibilidad que implica la contratación de este tipo de trabajadores. Esta posición de la patronal no es nada coherente con el esfuerzo que hicieron los trabajadores alemanes hace dos años, cuando en lo más álgido de la crisis europea renunciaron a incrementos salariales y tomaron la decisión de trabajar menos horas para que la crisis no tuviera los efectos perversos que sobre el empleo y sobre las empresas tuvo en otros países de la región.

El 30 de abril terminó la fase de negociación que obligaba al sindicato al deber de paz, que significaba la imposibilidad de que los trabajadores acudieran a formas depresión como movilizaciones, huelgas o paros parciales en las empresas implicadas en el proceso de negociación. En la fase siguiente, los sindicatos pueden acudir a formas de presión como movilizaciones y a huelgas preventivas de hasta una hora, en toda la industria o en empresas que pueden resultar claves para toda la cadena.

Una vez transcurrida esta fase, que puede durar hasta un mes si no hay acuerdo, los sindicatos pueden acudir a la huelga general, la que debetener el aval del 25% de los trabajadores del sector. De presentarse esta última situación, sería un hecho sin precedentes en muchos años en el contexto alemán, pues la eficacia del diálogos social, que se sustenta en una cultura favorable al reconocimiento de la legitimidad de los sindicatos, en la voluntad política de los interlocutores de las relaciones laborales y en la fortaleza de los sindicatos, ha evitado la aparición de esta forma de confrontación.

La grave crisis económica que vive Europa, originada en los negocios especulativos del sector financieroy en los gravosos rescates que los gobiernos hicieron de los bancos, que dispararon la deuda y el déficit público1, la han venido enfrentando las autoridades económicas europeas mediante la desregulación del mercado de trabajo (imposición de reformas laborales que disminuyen salarios y le dan todas las garantías al empleador para despedir trabajadores) y del debilitamiento del Estado Social (recorte del gasto destinado a garantizar los derechos económicos y sociales de la población), al tiempo que se ha estado debilitando sistemáticamente la cultura del Diálogos Social que había permitido la construcción del modelo social más avanzado en el planeta.

Aunque la situación de Alemania no es la misma que la de España, Irlanda, Grecia o Italia, las empresas alemanas están aprovechando la coyuntura para introducir rupturas en el modelo de relaciones laborales que debilitan la posición de los sindicatos y precarizan condiciones de trabajo de importantes colectivos de trabajadores.

Frente a esta tendencia es justamente que se levanta el IG Metal, que ha logrado la conquista de un modelo de negociación sindical articulado, en el que un solo sindicato negocia para toda una rama de la economía, o para toda una región, introduciendo un piso de derechos que luego se complementa con negociaciones en cada una de las empresas.

En este modelo el sindicato garantiza su presencia en cada una de las empresas a través de dos mecanismos: uno es el de los comités de empresa, una figura que por ley establece que en todo lugar de trabajo deben elegirse representantes de los trabajadores para todos los asuntos del diálogos social en la empresa; delegados que deben tener todas la garantías de información y de estabilidad para que puedan cumplir a cabalidad sus funciones. Y el otro mecanismo es la comisión sindical de empresa, un organismo que hace parte de la estructura del sindicato de industria y que le permite al sindicato mantener la relación permanente y estrecha con los trabajadores de base, conocer de manera directa sus problemas e incidir en todos los asuntos de las relaciones laborales. 

Por Héctor Vásquez F.
Director Área de Investigación 
Agencia de Información Sindical
Escuela Nacional Sindical