Cuando las mujeres están en la mira

Tomado de LaSillaVacia

Mientras en La Habana, Cuba, comienza a operar la Subcomisión de Género para garantizar que los acuerdos de paz que se firmen algún día tengan ese enfoque, Arauca se convierte desgraciadamente en un observatorio de lo que le sucede a las mujeres en la guerra.

En lo que va del año, 12 mujeres han sido asesinadas en Arauca en casos que la Defensoría del Pueblo considera que están directamente relacionados con el hecho de ser mujeres. Cinco han sido secuestradas.  

Las informantes

El 27 de octubre de 2014, en la vereda Caño Grande, en Tame, dos hermanas salieron a las 9 de la mañana y nunca volvieron a la casa. Vecinos dijeron que habían sido citadas por el Eln, guerrilla que en los últimos años ha recuperado el control que tenía sobre la población rural en una buena parte de Arauca.

El 4 de noviembre, la guerrilla anunció que iba a liberarlas y dos días después las entregó a una comisión de la Cruz Roja Internacional (Cicr), la Defensoría del Pueblo y la Iglesia. Maria Yulvanis y Shirley Sierra estuvieron secuestradas 11 días y por orden del Eln tuvieron que salir al día siguiente en un avión del Cicr.

En ese comunicado, el Eln explicó que les “perdonaba la vida” porque habían confesado que eran informantes del Ejército por plata.

Una de las personas que estuvo involucrada en la operación humanitaria dijo a La Silla que se trataba de dos mujeres campesinas, “las manos con callos de manejar la peinilla”, y que la más joven estaba en shock. La vida que les esperaba en la ciudad no iba a ser fácil.

La liberación fue en Fortul. Cuando las estaban entregando, otra mujer estaba siendo retenida por el Eln en la verdad de Corocito, en Tame. 

Leydi Zulima Aguirre Trejos, de 23 años, también había entregado información al Ejército sobre tres guerrilleros que estaban en su vereda y que aparecían en las listas del Ejército.

Los tres elenos fueron capturados el 30 o 31 de octubre, las fuentes de La Silla no lo tenían claro. Dos de ellos fueron encarcelados pero uno de los guerrilleros fue dejado en libertad por falta de pruebas y lo primero que hizo fue buscar a sus comandantes y pedirles permiso de buscar a la informante.

Sabía exáctamente dónde vivía. Leydi Zulima había sido hasta el día de su captura su compañera permanente.

Con la autorización del comandante, fue a buscarla a su casa para llevarla a la fuerza a un juicio guerrillero.  Su defensa no valió nada. El 18 de noviembre, la mujer apareció en la vía Tame a Fortul, con 12 tiros en el cuerpo. El yerno recogió el cadáver.

La prensa local reportó su muerte y de repelón, en el último párrafo, mencionó a otra víctima que había muerto el mismo día: Erika Sutaneme.

A esta joven de 20 años, dos guerrilleros llegaron a su casa en el campo a buscarla y la montaron en una moto. Uno adelante, otro atrás. Ella en el medio. La llevaron a Arauquita, a un kilómetro de su casa. Allá la asesinaron en el centro poblado de la ciudad. 

“Para generar miedo. La próxima mujer a la que esté conquistando un militar lo piensa dos veces”, dijo alguien que conoció el caso.

Leidy Zulima, las hermanas Sierra y Sutaneme eran informantes del Ejército. En el caso de Leidy y de Erika también existía una relación sentimental con soldados, según dijeron dos autoridades de Arauca y un líder de la sociedad civil.

El amor letal

“Las mujeres son enamoradas y utilizadas y los asesinatos tienen el contexto de esa utilización por ambas partes del conflicto”, dijo una autoridad del departamento que pidió no ser citada. “Como al soldado le da miedo ingresar a esos sitios donde están los otros, la información la traen de ellas, las enamoran y ni siquiera les pagan. Esa es la 'inteligencia' del Ejército.”

El comandante de la Brigada Quiroz ha dicho en los consejos de seguridad del departamento que los casos en donde mujeres enamoradas e informantes del Ejército han sido asesinadas por la guerrilla se trata de situaciones personales de soldados que no tienen nada que ver con la inteligencia del Ejército. La Silla lo trató de contactar pero no pudo hablar con él.

El viceministro Jorge Bedoya, que maneja el tema de derechos humanos en el ministerio de Defensa, aclaró a La Silla que en Arauca, como en todo el país, el Ejército tiene fuentes humanas de inteligencia a las que paga por su información, algo que es totalmente legal. Pero que obviamente establecer una relación sentimental con ellas no es parte de la política de recolección de inteligencia.

En Arauca, tanto dos autoridades como dos líderes sociales con los que habló La Silla, creen que el enamoramiento sí es una estrategia de guerra.

“Por un lado, después de estar meses solos en la selva es una forma de satisfacer sus necesidades”, dijo un líder a La Silla que conoce bien el conflicto en Arauca. “Pero por otro, piensan ‘si tengo una chica, que tiene algún sentimiento por mí, me va a proteger y avisar cuando viene la guerrilla. Además me da información’”.

En regiones rurales, donde la presencia del Estado es mínima, además de la atracción natural que puede existir en cada caso puntual, tener una relación con los soldados y policías representa para muchas mujeres la certeza de que por lo menos su pareja tiene un salario mínimo fijo, un privilegio que no tiene casi nadie en el campo. Pero en Arauca, también, es una sentencia de muerte porque el Eln tiene ojos en todas partes y enamorarse del que se le de la gana no es un derecho que tengan las araucanas.

Todas las personas con las que habló La Silla en Arauca conciden en que el Eln se ha fortalecido mucho durante el gobierno de Santos y aún más desde que en mayo de 2013 hicieron un “acuerdo de convivencia” con las Farc, que implica que los unos pueden hacer operaciones en el territorio del otro y que excepcionalmente hacen operaciones conjuntas como cuando atacaron la estación de Policía en Puerto Rondón, en mayo pasado, o cuando atacaron las instalaciones de la Oxy en Caño Limón durante una misa el 29 de junio, que no registraron los medios.

En estos años, el frente Domingo Laín se ha enriquecido mucho pues está monopolizando el contrabando desde Venezuela, desde que derrotó a la guerrilla chavista bolivariana -‘los boliches’, les decían -que controlaba la frontera en Guadualito, a media hora de Arauca.

Su control se percibe en cosas rutinarias y en cosas excepcionales. En cosas rutinarias, como su control a la canasta alimenticia pues son los intermediarios de los productos que consumen la mayoría de araucanos. En cosas excepcionales, como que el avión de Satena despega de noche con las luces totalmente apagadas porque ha recibido amenazas de la guerrilla, según le dijo una azafata a La Silla, que viajaba en el avión a oscuras.  

La vida cotidiana de los araucanos en el campo está controlada por los elenos, que además tienen infiltradas a muchas de las organizaciones sociales de base en la región y de las juntas de acción comunal.

Un araucano le contó a La Silla que hace poco, en una vereda de Arauquita, vio al Eln hacer algo que no hacía hacía años. Encontró a los guerrilleros parados en la puerta de la escuela revisando, uno a uno, a los niños para verificar que estuvieran cumpliendo sus “manuales de convivencia”: que no tuvieran piercings, ni aretes, ni pelo largo. Ahora incluso controlan hasta qué horas pueden tomar cerveza.

“Han reconstruido su tejido social, apoyando a las juntas de acción comunal y a las organizaciones sociales. Dicen que quieren llegar a la mesa de diálogos con la sociedad civil fortalecida”, dijo.

Si no llegan con la sociedad civil fortalecida, por lo menos la tienen muy amedrentada. “Las mujeres están muertas de miedo”, le dijo una autoridad que trabaja con lideresas.

Otras muertes

El 7 de noviembre, las lideresas celebraron el Día de la Mujer. La celebración no duró mucho porque al día siguiente otras dos mujeres fueron asesinadas en Saravena. Estaban departiendo en el bar “La Colombiana” cuando entraron unos hombres y les dispararon.

En el reporte escrito que hizo la Policía, la “primera hipótesis delictiva” es que las asesinaron por “departir en estas cantinas con miembros activos de la fuerza pública”.

Que tenían tratos con los militares es una de las dos versiones que se tejen sobre su muerte sen este pueblo, en el que hablan de esto en voz baja pues es el fortín del Eln.

Una, que se trataba de dos mujeres homosexuales que hacían parte de una supuesta lista que emitió el Eln amenazando “maricas, lesbianas, sapos, homosexuales y ñeros”. Esta versión fue dada por personas que se desplazaron a raíz de la lista. La Silla consultó con varias autoridades y líderes de la región y todos sabían de la lista pero no la habían visto de primera mano.

De acuerdo con esta versión de los desplazados, en una fiesta de la comunidad Lgbti en Saravena, un informante del Eln –que están en todas partes- había tomado fotos y luego todos aparecieron en la lista. Una de las asesinadas estaba allí. A una funcionaria pública, que es lesbiana, le tocó salir del pueblo después de este episodio.

En cualquier caso, su muerte se sumó al historial delictivo del Eln en Saravena, un pueblo que controlan casi en su totalidad. Solo en lo que llaman “el anillo de seguridad” tiene control el Estado. En esas pocas cuadras que conforman el anillo es donde permanecen los policías.

El Alcalde se ha visto muy debilitado después de que los guerrilleros mataron al concejal que manejaba su coalición en el Congreso y a su Secretario de Gobierno. A este último, dentro del anillo de seguridad.

Dos semanas después de la muerte de las mujeres en Saravena y una semana antes de la de Tame, otras dos fueron asesinadas en el sector Casa de Zinc, en la vía que conduce al corregimiento La Esmeralda en Arauquita.

El 26 de noviembre, dos líderes fueron abaleadas. Una murió al instante, la otra llegó viva al hospital de Saravena, pero no sobrevivió.

Se trataba de la fiscal de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de Tame Amalis Fernanda Meza y Leidy Milena Méndez, presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda de San Salvador, en Tame.

Después de su muerte se supo que las dos eran colaboradoras activas del Eln y había investigaciones judiciales en curso contra ellas. Pero “un movimiento interno dentro del grupo” –según le dijo una fuente a La Silla de manera cifrada- llevó a que la misma guerrilla las matara, aunque una de ellas era pareja de un jefe guerrillero.

“Es que ellos no perdonan a nadie. Si tienen que matar al hijo, lo matan”, dijo.

Todo esto sucedió en las últimas diez semanas.