Mensaje de advertencia

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Balances de las elecciones y acciones políticas y organizativas

Por Gustavo Petro. Senador de la República.

Ha pasado un tiempo ya suficiente para sistematizar algunas lecciones que nos dejó el resultado de las elecciones presidenciales. Demostramos que es posible derrotar el poder político tradicional de Colombia. Un Poder tradicional que merece ser derrotado porque ya es incapaz de llevar a la sociedad colombiana a la modernidad, al desarrollo productivo y a la democracia que incluya a todas las personas, merece ser derrotado porque representa el sumun de la corrupción. Llegar a ser alternativa real de Poder es una experiencia única en Colombia en los últimos 50 años. Tal es la importancia de lo que hemos hecho.

El programa de la Colombia Humana, se adecuó para responder a los problemas contemporáneos de la sociedad desde una perspectiva democrática. Articulamos las tareas que el liberalismo dejó de hacer en el siglo XX: la reforma agraria, indispensable para la industrialización, la industrialización como el mecanismo de inclusión económica de la población, la democracia liberal como independencia de los tres poderes públicos, el estado de derecho como el antídoto a la arbitrariedad y la tiranía, con las nuevas tareas sociales y políticas que nos demanda el nuevo siglo.

Articulamos las banderas de la “Revolución en Marcha” y de Gaitán a las nuevas exigencias que nos demanda el siglo XXI: Las energías limpias, la des carbonización de la economía, la electrificación masiva del transporte, el paso a energías distribuidas y generadas incluso en los hogares a bajo costo, la lucha frontal contra el cambio climático, la democratización del capital en créditos, saberes y redes informáticas para la mayoría de la población, la generalización del saber a través del sistema de educación pública y gratuita que dé el primer paso hacia una sociedad del conocimiento, las relaciones de producción colaborativas y en red.

Logramos atraer a cinco millones de colombianos y colombianas a una opción por el cambio cuando articulamos las tareas liberales inconclusas del siglo XX, indispensables para el desarrollo económico, con las respuestas a las nuevas problemáticas del siglo XXI, en temas concretos como la salud, la educación, la producción, las relaciones internacionales, la equidad y la justicia social.

Cuando se habla de cambio político hay que hablar de cambio en las relaciones de producción para no caer en el gatopardismo: la costumbre de hablar de cambios retóricos para no hacer en realidad los cambios, que es el oportunismo en su máxima expresión. El estudio de las relaciones de producción en Colombia nos permite un análisis en perspectiva histórica y es superior, como análisis, a los esquemas teóricos propios del análisis ahistórico del mercado e improcedentes en general para entender la economía colombiana que tiene un mercado sustancialmente raquítico.

No propusimos un cambio en las relaciones sociales de producción hacia el socialismo, visto en su concepción más esclerótica: la estatización de medios de producción. La prensa y la campaña grosera en redes de nuestros rivales quisieron, juntando ignorancia con manipulación, asignarnos esa propuesta. La estatización de medios de producción de manera generalizada no es una respuesta al raquitismo económico colombiano, ni es una respuesta contemporánea eficaz ante el grave problema humano de la desigualdad y el cambio climático.

Peor aún, la manipulación mediática, que es una grande destructora de conocimiento en la sociedad, ha confundido estatización de los medios de producción, con aniquilamiento de la propiedad privada, como si toda propiedad privada fuera un medio de producción, tesis que ninguna corriente política ha defendido en el mundo en ningún momento de la historia.

Nos atrevimos a plantear una superación de todas las relaciones de producción pre modernas, propusimos salirnos del puesto que nos ha asignado el mercado globalizado de extractores de materias primas fósiles, que generan relaciones no productivas de carácter rentístico que son la base de violencia y la corrupción y que nos hace grandes responsables del cambio climático en el planeta, para saltar a una gran capacidad productiva en el país bajo relaciones capitalistas y post capitalistas colaborativas, propusimos erradicar las relaciones de producción atrasadas y feudales que hacen improductiva nuestra tierra fértil, las de carácter tributario/servil manejadas por las mafias del narco con su lavado de dólares a través de la usura, la extorsión y la contratación pública, las de la nueva esclavitud, las del rebusque colombiano por falta de oportunidades, que mantiene formas mercantiles simples atrasadas y condena a la pobreza estructural propusimos aprovechar y reemplazar ese “rebusque” por una democratización de la dotación de capital para que el rebuscador emprenda y se emprezarice, de tal manera que supere su propia pobreza, nos atrevimos a proponer desarrollar el capitalismo productivo sobre la base de la distribución del capital: saber, tierras, créditos, informática, sin necesidad de expropiar o estatizar, un capitalismo distribuido para generar equidad y democracia, y desarrollo de las fuerzas productivas del país; nos propusimos ir hacia lo más avanzado hoy del post capitalismo en términos de la economía colaborativa, descarbonizada que articula energías limpias de costo marginal cero con saberes, e informática también con costo marginal cero en la producción de hogares, campos, industrias y regiones: El desarrollo de la tercera revolución industrial que ya vive el mundo.

Una distribución democrática del capital para superar el raquitismo económico, la informalidad y las condiciones de pobreza, pero también en sus formas tecnológicamente más avanzadas, el desarrollo de la economía colaborativa y en red con plena libertad de creación e iniciativa privada para millones de personas. La democratización del capital, fue vista torvamente por los grandes medios como una expropiación. Cuando es lo contrario: la apropiación de millones de personas de las condiciones para poder producir y generar riqueza.

Si queremos más equidad social, resolver problemas como la corrupción y el narcotráfico, resolver definitivamente el camino de la Paz, es necesario el cambio real de Colombia y eso implica el cambio de sus relaciones sociales productivas.

Nuestra propuesta es diferente por tanto al del populismo de izquierda latinoamericano que solo redistribuye rentas a partir de la economía extractivista de fósiles y que es funcional al mercado mundial, pero nos condena al atraso científico y productivo, además de ser insostenible en el tiempo y débil ante la manipulación política y militar de los precios de los combustibles fósiles. Nuestra propuesta le propone a las fuerzas sociales y progresistas latinoamericanas un camino diferente al de Venezuela y la articula a las grandes esperanzas y luchas del mundo de hoy.

Pero aquí surge nuestro primer gran obstáculo en la campaña que acabamos de cumplir. Una parte de la clase media colombiana, sustentó con fuerza un proyecto político que propuso cambiar el país sin hacer cambios. Lograron vender la idea en sectores medios de la población que representábamos la extrema izquierda y un cambio anti sistémico, como si el sistema colombiano no fuera el de la corrupción y la pre modernidad. Lograron fortalecer la campaña del uribismo, la extrema derecha, y nos debilitaron para pasar a segunda vuelta con la fuerza que era necesaria.

No hubiera sido tan eficaz dicha campaña si en realidad no existieran millones de colombiano(a)s que en realidad creen que el cambio consiste simplemente en figuras y discursos y no en la realidad de cambiar unas estructuras sociales que producen lo que rechazan.

La corrupción no es obra simple de mentes oscuras delincuenciales; su generalización en el poder político es el fruto de la pre modernidad económica, del modelo rentístico carbón/petrolero que el país escogió.

Algunos de nuestros contradictores afirmaron que no debíamos presentar nuestra candidatura para propiciar el triunfo de una figura no uribista que permitiera una transición hacia un gobierno nuestro para el año 2022. Tal tesis desconocía de entrada que al ganar una fuerza así, sin programa de cambio, produciría lo que ya habían hecho gobiernos aparentemente ascépticos en cabeza de Andrés Pastrana y del segundo de Juan Manuel Santos: al no propender por cambios reales, estos gobiernos generaron una gran desilusión que, en vez de desplazarse hacia el progresismo, se desplazó a la extrema derecha.

La transición consiste precisamente en lo que proponemos: salir del feudalismo y la pre modernidad y desarrollar el capitalismo distribuido para que permita espacio a la democracia, un nuevo puesto en el mundo de hoy de carácter productivo y el desarrollo de la economía colaborativa.

Sin embargo no es menos importante entender que pasamos de cinco millones a ocho millones de votos gracias a que manteniendo el programa de reformas democráticas logramos un acuerdo con la mayoría del centro político en el esfuerzo de luchar decididamente contra la corrupción y respetar el camino del Estado Social de Derecho como el camino para ejecutar las reformas: al final, quizás tardíamente, logramos en gran parte volver realidad la unidad de las fuerzas democráticas del país, respetando su diversidad y sin renunciar al cambio real de Colombia.

Se pudo demostrar que sectores medios de la sociedad, fundamentalmente bogotanos y de grandes ciudades, pueden articularse a un programa avanzado y progresista sin perder su propia singularidad. La alianza en segunda vuelta con Mockus y Claudia López, y sectores avanzados del Partido Verde y del Polo, que lograron liberarse, muestran que sí es posible configurar el bloque histórico del cambio en Colombia.

La alianza entre el progresismo y el centro político pudo haber ganado la presidencia de Colombia si se hubiera producido desde el inicio, tal como propusimos, aún a costa de nuestra propia candidatura. Fue el temor a pactar un programa de reformas avanzadas lo que impidió este paso tan presionado por la sociedad libre.

Fuerzas afines a Cesar Gaviria, el gran impulsor del neoliberalismo y signatario del modelo de economía extractivista fósil, contradictor de las banderas del Partido Liberal del siglo XX, como las fuerzas económicas legales de Antioquia que aún no ven que la diferenciación con la mafia y la necesidad de construir una sociedad equitativa es la mejor manera de encontrar su propio desarrollo, impidieron la realización de una gran consulta democrática que hubiera hecho imparable la victoria.

La Democracia no se impuso en Colombia, no porque no tuviera mayorías, sino porque tuvo miedo al cambio social y económico.

Y este es un tema que quiero que discutamos en profundidad con los sectores medios de la sociedad colombiana. El cambio político implica el cambio social y económico. Implica salir del extractivismo y pasar a ser productivos, implica la justicia social a partir de dotar de capital las mayorías nacionales.

El arribismo de clases medias ha ayudado al fascismo en el mundo, ha destruido el cambio en Colombia, ha permitido la mafia violenta en el poder, ha permitido el genocidio y una desigualdad pavorosa. El arribismo de clase media ha permitido la destrucción del metro en Bogotá y las políticas sociales más avanzadas de Latinoamérica hechas en Bogotá. El arribismo de clase media ha destruido los sueños de sus propios hijos e hijas, las esperanzas de una juventud que abiertamente luchó por abrir las opciones y oportunidades y acabar la guerra.

Como dice López Obrador, todo(a)s estaremos mejor si los pobres están mejor.
La agenda progresista pasa por ganar también una agenda progresista en las clases medias. Las clases medias en Colombia serán más poderosas si disminuye la pobreza, si combatimos el cambio climático si se construye una justicia tributaria, si abrimos la universidad pública y gratuita, si la banca privada encuentra una fuerte competencia pública. Si se democratiza el capital.

El triunfo de hoy de la política tradicional es agónico. Está hundida en su incapacidad de generar ideas, por eso Duque rehusó el debate, y por eso solo asistía a los debates con formatos predeterminados a su favor por sus medios de comunicación, la política tradicional no tiene un proyecto de futuro para Colombia sino uno defensivo: sostener privilegios y desatar la última rapiña sobre los recursos públicos de la extracción de combustibles fósiles. Por eso su actual propuesta es acabar con lo último que queda del patrimonio público: Ecopetrol.

La política tradicional solo buscará profundizar la violencia como método de gobernabilidad. No es promesa de paz; tampoco es promesa de crecimiento económico, solo vivirá de la renta petrolera también agónica La decadencia de la política tradicional se expresa dantescamente en su último recurso: matar. El asesinato es la última estrategia de los corruptos.

No es anécdota lo sucedido con Duque en Europa. Creyó que el mundo era como el de RCN y sus entrevistas y resulta que el mundo es diferente: piensa. El mundo que representa Duque no es el mundo moderno, de innovación en el que falsamente creyeron los uribistas de clase media, es el de los grandes latifundistas ignorantes, es el del atraso político. El mundo de hoy, fuera de Colombia, ya no sabe que es un terrateniente. La clase media uribista ha adoptado la mentalidad parroquial del terrateniente, por eso le molesta que desde fuera de Colombia les digan que su clase dirigente maneja el país como si fuera una hacienda, es decir con la pre modernidad del siglo XVIII y XIX, algunos, los más atrasados y cavernarios, con la mentalidad del Concilio de Trento: el de la inquisición violenta.

Incluso la propuesta más avanzada de Duque, la de la economía naranja, es reaccionaria. La economía naranja pretende que la creación sea la rentable. Es una extensión del análisis de mercado a la cultura.

Si la creación es la rentable, lo más valioso de la cultura mundial no habría sido creada. La Cultura no es rentabilidad. Aunque algunos creadores tengan todo el derecho a vivir de su creación.

Desde el punto de vista regional quedan varios problemas por resolver que las elecciones desnudaron. ¿Por qué el pueblo pobre de la costa caribe, a diferencia del más pobre del pacífico, no votó en masa por la Colombia Humana? ¿Cómo las relaciones feudales que subyugan al campesino y al habitante caribeño del pequeño y mediano municipio al gran propietario de tierras, hoy ajeno al caribe y sumido en las mafias paramilitares, pudo más que elegir el presidente costeño y afín a los intereses del campesinado y los sectores populares?

Las capas dirigentes costeñas han escrito una página de indignidad en la historia del Caribe. No solo responsables del genocidio de su pueblo, el robo masivo de los recursos públicos los llevó a apoyar el uribismo, el verdadero victimizador del caribe, en lugar de provocar una democratización de las tierras de la región y por tanto de superación de la pobreza, y del atraso político y económico.

La corrupción en la costa caribe llevó a las elites caribeñas a apoyar un proyecto político anti caribe.

Les propongo a los amigos de la Colombia Humana y a sus fuerzas modernizantes, organizar un gran movimiento campesino caribeño que ponga la reforma agraria en el centro de los objetivos políticos tanto programáticos como prácticos. La costa caribe no avanzará ni cultural ni socialmente si es el terrateniente el que dirige los destinos de la región. El millón de votos que hicieron triunfar a Duque, y que hubieran permitido la victoria de la Colombia Humana, estaban en el Caribe popular y no tanto en Antioquia como creemos. La costa Caribe se dejó subyugar por la corrupción, por eso no ganamos.

La investigación sobre el millón setecientos mil votos de Duque en el Caribe, mostrarían el tamaño del fraude: la compra masiva y mega millonaria del voto, pero también la escasa capacidad de conciencia que el progresismo pudo generar en el mundo del pequeño y mediano municipio del Caribe, el que más se hubiera podido desarrollar con nuestra propuesta.

En las regiones de mayor conflicto ambiental por el cuidado del agua, ganó Duque. Ni en el sur del Cesar hoy con operaciones directas de “fracking”, ni en Bucaramanga y Norte de Santander, afectados por la minería del oro en el páramo de San Turbán, ni en el piedemonte llanero, ni en Ibagué, Cajamarca y el Quindío, a punto de perder sus fuentes más valiosas de agua por la minería, ganó la propuesta de la Colombia Humana que defendía a fondo el recurso del agua.

No es que sus poblaciones no sepan de la importancia del agua, es que no vinculan la lucha por el agua con la gran política. La dirigencia política tradicional de estos municipios no estuvo con las consultas populares: oportunistamente se silenció. Sabe ella que depende del gobierno nacional para existir, y el gobierno nacional esta con el fracking y la minería.

La población que lucha por el agua no entendió que se trataba precisamente de cambiar el gobierno nacional para proteger el agua. Creyeron que su lucha es local. La política del fracking y de minería en zonas vulnerables es nacional. Es determinada por el gobierno nacional, no por el local.

Ahora ante un gobierno pro extractivismo y peor aún, desesperado porque su única opción económica y política es el fracking, la Colombia Humana deberá desarrollar como resistencia, la lucha por el agua en esas regiones a pesar del comportamiento político de la mayoría de sus electores.

Las candidaturas al poder local de la Colombia Humana en esas regiones deben ser abiertamente de “alcaldes por el agua” para resistir la política pública de un gobierno pro minería que los propios pueblos de las regiones afectadas ayudaron a elegir.

Otro aspecto que desnuda la campaña electoral de carácter regional es el de las juventudes en las comunas populares de Medellín. Contrario a la mayoría juvenil nacional, estas juventudes están plegadas a la lógica de las armas y son funcionales al proyecto de la mafia a nivel nacional. Los grupos que alcanzamos a organizar no lograron convencer que lo que más conviene a la juventud popular de la comuna es la universidad gratuita y no la orden y el escaso dinero que el capo reparte. La mayoría de la juventud popular barrial de Medellín esta silenciosa políticamente, la domina el miedo, no logra expresarse y rebelarse contra una situación que la hace la mayor víctima.

La mafia barrial en Medellín está articulada al uribismo, como los grupos paramilitares del departamento de Antioquia. Han logrado usando un falso regionalismo construir burbujas comunicacionales y controlar ideológica y físicamente a la mayoría de la población. Lo mismo sucede en Cúcuta y Norte de Santander.

No es anecdótico que en donde los alcaldes impidieron inconstitucionalmente las manifestaciones de la Colombia Humana fue en Medellín y en Cúcuta, y en la última ciudad intentaron asesinarnos. El reto en estas regiones es inmenso, y tiene un comienzo: que la Colombia Humana les gane las juventudes a las mafias.

Que la propuesta de campesinados de clase media, como lo fueron paradójicamente los antioqueños cafeteros, de universidad pública y gratuita para la totalidad de la juventud, que la industrialización des fosilizada, sea el programa que atraiga a Antioquia al siglo XXI. Un reto para la Colombia Humana de la que dependerá en buena parte su triunfo.

Finalmente, y desde el aspecto negativo, las elecciones nos muestran una clase media bogotana que, en buena parte, en la segunda vuelta minoritaria, prefiere sacrificar el bienestar de su ciudad: el metro subterráneo, la electrificación del transporte, la generalización de la educación superior en la juventud, la política social y ambiental avanzada, a que simplemente los más pobres sigan siendo excluidos.

La clase media de derechas bogotana va en contra directamente de la justicia social y de su propia ciudad. Es la que eligió a María Fernanda Cabal al Congreso, es la que quiso a Uribe de presidente y es la que permitió el triunfo de Duque en contra del bienestar de sus propios hijos.

Sabía, como sabía cuando eligió a Peñalosa de alcalde, que hundía el metro, que hundía los jardines infantiles y la universidad pública, pero odia más ser comparada con los pobres o que los pobres lleguen a su nivel, que las necesidades objetivas de su ciudad y de sus hijos.

La Colombia Humana debe demostrarle a este estrato tres bogotano que su enemigo no son los pobres o los progresistas, no es la Bogotá Humana que conquistó los indicadores sociales, económicos y financieros más altos de la historia estadística de la ciudad. Que su rival está en las políticas neoliberales depredadoras, las que destruyen el salario y la estabilidad laboral, las que alejan a sus hijos de la educación superior de calidad, la que generan la injusticia tributaria, las que le quitan el derecho a la pensión y la convierten en tributaria permanente de los bancos solo por obtener una casa o un carro.

Pasada la fase electoral que cumplimos con mucho éxito y que cierra un ciclo de siete años que comenzó con la Bogotá Humana y buscó cerrarse con la Colombia Humana, transita ahora a un nuevo ciclo con unas nuevas tareas y acciones.

Las tareas que se nos imponen de inmediato son: organizarnos, mantener el frente plural de alianzas, acumular fuerzas, desarrollar el gabinete de oposición, embrión del próximo gobierno, defendernos de la violencia.

Organizarnos. Nos hemos desarrollado como una gran multitud electoral, pero debemos ser una multitud movilizada y organizada. Organizar el movimiento de la Colombia Humana es estratégico. No queremos desarrollar un caudillismo que sería fácil de aniquilar. Queremos desarrollar un movimiento colectivo y organizado.

Comencemos desde abajo y de manera horizontal. Las Asambleas municipales se convierten en el escenario básico por excelencia. Las coordinadoras locales colectivas elegidas en las asambleas, pueden organizar los retos por venir. La detección temprana de amenazas, su publicación inmediata en redes, la preparación política del voluntariado, el incentivo a la conformación de nodos por causas sociales y ambientales, la articulación con movimientos sociales y la generación de ellos sin cooptarlos, la preparación para seleccionar candidaturas al Poder Local.

El nodo es una forma de organización de base, voluntaria, que la gente puede conformar de acuerdo a causas sociales para desarrollarlas en su región o en el país: luchas contra el maltrato animal, luchas por el agua, contra la contaminación, por la igualdad de géneros, contra cualquier tipo de discriminación, por el uso generalizado de bicicletas, por el reciclaje, contra los espectáculos con animales, por la organización de producción y consumos campesinos, por el derecho a las redes, por la calidad y cobertura de la educación pública, por el cuidado de la niñez, por el derecho a la salud pública, por el derecho a la educación superior, por la adaptación ante el cambio climático, por la electrificación del transporte, por la redistribución de la tierra, etc.

Los nodos y las coordinadoras no tienen jefes burocráticos, pero si liderazgos. El liderazgo en la Colombia Humana no es impuesto, no debe desatar conflicto, división, debe ser el producto del amor. El liderazgo es el cariño de la población. Se mide por tanto en amor desatado y no en estrategias y cálculos. El liderazgo lo otorga la gente, no una determinada organización.

La Colombia Humana debe desatar centenares de miles de liderazgos en Colombia en todas las escalas. Mi propio puesto en esta nueva fase de nuestra lucha lo determinará el cariño de la gente de Colombia.

No olvidemos que la nueva política no propone una revolución futura, teleológica, sino actual, inmanente.
La nueva política propone cambios de comportamientos cotidianos: reciclar, usar energías limpias, educarse y educar los niños, cuidarlos como prioridad, no ser machistas, ser solidarios, usar bicicleta si es posible, regular el consumo, no ir a espectáculos con animales, no dejar tumbar los árboles, proteger de inmediato el agua. Muchas veces la acción política necesita de cambio del Estado local, nacional o mundial, pero también implica acción y cambio individual que se puede hacer ya. Tal es su enorme vitalidad y su diferencia con la vieja política. La Nueva política es un cambio de experiencia cultural inmediato y pasa por la persona. La revolución y la democracia es ya.

La Colombia Humana es un cambio cultural de la persona y lleva al cambio del Poder.

Mantener el Frente plural de alianzas. La Colombia Humana no debe ser ni será un movimiento sectario. El sectarismo nace de pretender que la verdad se deposita en una persona o en una organización, o en una clase social. La verdad siempre es plural, colectiva, se construye en la interacción social.

La Colombia Humana debe dialogar siempre con el conjunto de la sociedad, aprender de ella, seducir. Todo el voluntariado debe entrar a dialogar en todo municipio con la ciudadanía que voto por Duque, comprenderla, respetarla. No es el insulto nuestra forma de expresión, es la seducción y el entendimiento. Preguntar porque pobres votaron por Duque, acercarnos a ellos, preguntar porque las clases medias votaron por Duque, deshacer mentiras, diluir odios. Ganaremos si diluimos el odio.

Toda fuerza municipal, regional o nacional que coincida con nuestro programa total o parcialmente, es amiga. Nuestros rivales son los corruptos, los que quieren mantener la violencia para mantener la inequidad social.

Colombia necesita un liderazgo nacional plural, muy femenino, muy diverso, pluricultural, juvenil. La tarea inmediata es mantener el Frente de fuerzas que llegó a los ocho millones de votantes y ampliarlo con las fuerzas que no logramos seducir y con los abstencionistas a los que hay que seducir.

Un Frente por la Vida y la Paz, que tenga expresión en cada municipio.

Acumular fuerzas. Los corruptos van intentar dividirnos. Tienen gente para eso. Debemos mantener el grado de simpatía que alcanzamos y aumentarlo. Pero ese electorado debe transformarse en fuerza social. La fuerza social es una articulación de multitud activa, saberes, capacidad de movilización y organización. No somos simplemente una fuerza electoral que solo aparece en elecciones. Así no ganaremos.

Debemos ser una fuerza permanente. La capacidad de movilización debe mantenerse. La “velatón” mostró el deseo de una parte de la sociedad de salir a la calle para defender la Paz. El siete de agosto será la segunda prueba. Queremos que los y las voluntario(a)s de la Colombia Humana en todo el país hagan el esfuerzo de la movilización social y la congregación en la plaza pública: el ágora de la democracia.

Reinauguramos la plaza pública como espacio de la acción democrática, luego debemos continuar en ese empeño. Ayer lo hicimos con un candidato en la tribuna como orador, hoy hay que lograrlo sin candidato, sin tribuna, con la fuerza de lo colectivo, de lo común, la comunidad, la multitud. La capacidad de movilización es fundamental para ponerle barreras y resistencias sociales a las políticas públicas que están por venir del nuevo gobierno.

Si se han expresado los violentos a través del asesinato, ahora debemos lograr que se expresen las ciudadanías libres y pacíficas. En las movilizaciones no debe haber un solo acto de violencia, la política de movilización de la Colombia Humana es la no violencia.

Además de la movilización, y el siete de agosto es una gran prueba, la organización popular es vital. La conformación de sindicatos en el mundo del trabajo, de asociaciones civiles, de ligas campesinas, de cabildos, de asambleas populares. Debemos convertir a Colombia en un rico y multicolor entramado de organizaciones ciudadanas.

Cada vez que se reúna una asamblea municipal de la Colombia Humana debe rendirse un informe de cuantas organizaciones ciudadanas se han creado. Acumular poder ciudadano es fundamental para ganar.

El conocimiento y manejo de las redes y la informática es estratégico en el campo ciudadano. Lograr puntos de conexión gratuita, dotar a liderazgos y comunidades de aparatos que capten la banda ancha en todos los territorios, construir con la juventud emisoras y canales de televisión local en red, lograr que las redes entren al mundo campesino y de la tercera edad. Lograr educar comunidades en el manejo de las redes.
Todos vimos el papel dañino que cumplieron los grandes medios de comunicación privados. Serviles a sus dueños desarrollaron la verdadera campaña electoral a favor de Duque. Entre las redes pagas y los canales privados de televisión Duque tuvo su principal eje de campaña basada en la mentira y la manipulación.

Pero es también su debilidad, cada vez menos gente ve los canales privados y cada vez más gente quiere información plural. Las redes pueden tener la potencia para democratizar la información, si la red se vuelve un medio popular de información.

Si tenemos poderosas redes, podremos desarrollar formas culturales en la sociedad. La música, los audiovisuales de calidad, lo que no tiene cabida en la estrecha mentalidad de los dueños de los canales podrá tener cabida con igual potencia en los medios ciudadanos.

Una revolución es antes que nada una revolución cultural. Los valores culturales de la Paz, del entendimiento, de la solidaridad social, de la creación artística como lo observamos en la campaña, la libertad como eje de la expresión, tendrá continuidad si potenciamos las redes sociales como instrumento de comunicación de las ciudadanías libres. La excelencia artística, la producción de la cultura es posible si se comunica esa producción, hoy las redes que incentivamos pueden comunicar una nueva generación de cultura.

La idea de nuestros rivales en la cultura es en la práctica el desarrollo del insulto generalizado, de la polarización a partir del odio construido, de la ausencia del argumento. La cultura de nuestros rivales es la ignorancia. Hemos visto como lo que desarrollan es el odio como cultura. El nazismo comunicacional de Paul Joseph Goebbels es su maestro. La economía naranja no es una propuesta cultural, es una burda tesis de desarrollar el mercado sin regulación dentro de la cultura. No es más que neoliberalismo anacrónico llevado a la esfera cultural.

Llenemos de amor y argumentos las redes. No hablemos solo entre nosotros mismos. Rompamos las burbujas comunicacionales que operan como cárcel. No es el chat, que solo debe tener usos para la acción, es la red social el escenario del debate. El debate no es solo entre nosotros es con la población que votó por Duque o se abstuvo de votar. Es la seducción el camino de la cultura.

En Antioquia, en Cúcuta y en menor medida la zona cafetera incluido el Tolima y el Huila, operó la burbuja informativa sin que pudiéramos romperla. El regionalismo es usado como base de una burbuja informativa por las facciones más corruptas de la política colombiana en Antioquia y Cúcuta. El regionalismo manipulado y la red comunicacional operan formando burbujas. Mucho(a)s antioqueño(a)s solo escuchan medios y formadores de opinión antioqueños, por regionalismo, y estos silencian la Colombia Humana y potencian la ideología de extrema derecha. La sociedad queda así encarcelada comunicacionalmente. Rompamos esas burbujas.

La red debe ser usada no para construir nuestra propia burbuja comunicacional sino para romper las que las extremas derechas han construido.

La principal burbuja comunicacional es la que aún tiene los medios de los poderes privados en la sociedad sin red.

La sociedad sin red, es la que no sabe usar la red, o no tiene el aparato adecuado para captarla, o no sabe usarla, o no tiene el dinero para ello. Aquí la Colombia Humana debe desarrollar a escala municipal las diversas estrategias que rompan estas burbujas comunicacionales.

Desarrollar el gabinete de la oposición. No somos Oposición como principio, ahora y por poco tiempo, lo seremos. Somos fundamentalmente una alternativa de Poder, nos alistamos para gobernar. Gobernaremos y gobernamos muchas regiones y municipios de Colombia. Y gobernaremos el país. Para ello debemos desarrollar capacidades.

La escuela de liderazgos que enseñe de urbanismo, del cambio climático y la adaptación, de las nuevas narrativas mundiales, de los problemas económicos, de las nuevas formas de producción en red, de las producciones y servicios distribuidos y colaborativos, de las ideas políticas, será un camino para la preparación del gobierno concreto en la situación concreta siempre desde la perspectiva de la profundización de la democracia.

A nivel nacional queremos construir un gabinete de oposición que siga y controle la actividad del actual gobierno electo, pero que además se prepare, si la ciudadanía quiere, para asumir el gobierno del país.

El gabinete de la oposición debe estar abierto en su conformación a todas las fuerzas que nos acompañaron o que quieran acompañarnos en esta nueva fase. Su calidad debe ser superior a los equipos del gobierno y el fruto de su trabajo debe ser presentado a la opinión pública en el Congreso o en foros.

Defendernos de la Violencia. La idea del martirio y el sacrificio ya no hace parte de las perspectivas de una sociedad como la colombiana. No vamos a repetir la historia de la guerra sucia. Las redes, las alertas tempranas son fundamentales para neutralizar la violencia e impedir el asesinato de líderes. La solidaridad es fundamental. La acción internacional es estratégica.

Hemos dicho que, si continua la racha de crímenes contra líderes populares, la opción es la Corte Penal Internacional para que haga justicia en el país, aún en contra de la voluntad del gobierno electo. Le solicito a los nodos de la Colombia Humana en Europa alistar una movilización continental hacia la sede de la Corte en solicitud de intervención. Si el gobierno electo no detiene la violencia la acción internacional debe ser contundente.

La solidaridad es fundamental para neutralizar la violencia. Casas, habitaciones ofrecidas voluntariamente para personas que tengamos que sacar de algún lugar, la retransmisión de las alertas tempranas sin caer en el pánico paralizante que es lo que desean los violentos, el socorro ciudadano para las víctimas de violencia. Uno de los grandes peligros de la Paz es que ante la traición a los acuerdos de fin de guerra que los corruptos en el Poder quieren efectuar, los excombatientes vuelvan a las armas bajo diversas modalidades. Eso es lo que quieren los violentos.

Hay que darle solidaridad a todos los excombatientes que dejaron las armas, a los de las Farc, a los de los paramilitares y a los del Estado. La desmovilización militar es una victoria de la sociedad, la movilización militar, su derrota.

Desde que nosotros mismos como M19 dejamos las armas, hace 30 años, no hemos querido tener ninguna relación con actores armados del conflicto. Ahora que las Farc dejaron las armas y varios frentes paramilitares, incluido el anuncio hoy del cartel del Golfo, hay que darles la mano. Bienvenidos a la no violencia. Queremos que los jóvenes de las comunas y barrios populares abandonen las armas, que no vayan a los carteles mexicanos que ahora huyen de su propio país gracias al triunfo progresista. Ojalá México abra el camino pacífico de su desarme. Le pediremos a López Obrador que establezca un camino pacifico de desmovilización militar del narcotráfico con verdad incluida para la sociedad.

Queremos que los excombatientes del Estado no retornen a la guerra. Colombia Humana debe luchar por la dignificación del policía, del soldado ex combatiente, por su honor y sus condiciones económicas, por su organización civil. Las extremas derechas no deben tener el monopolio de la organización civil de los excombatientes del Estado.

No queremos que el ELN siga en guerra, así se burlen de nuestra propuesta, creemos que deben discutir su desmovilización unilateral. Los acuerdos que usan las armas para negociar con el gobierno, son traicionados y el camino de mantener las armas solo sirve a las extremas derechas en el Poder. La liquidación del proyecto guerrillero de manera total es fundamental para la victoria democrática en Colombia.

Por ello las Farc deben ser aceptadas, ya sin armas, en la sociedad democrática de Colombia. Esa es la mínima solidaridad con quien abandona la violencia, no aceptarlas y mantener su apartheid político solo beneficia a los violentos. Aceptar a las Farc en el seno de la sociedad democrática y pacífica de Colombia es el verdadero desestimulo a quienes hoy en la política, en el estado y en la sociedad pretender continuar con la violencia perpetua de Colombia.

La Colombia Humana debe ser una constructora permanente de Paz en el país.