AMLO señala el camino contra la desigualdad en México

Por Carlos Julio Díaz Lotero-Analista ENS

El primer paso del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para reducir la pobreza y los altos niveles de desigualdad que afectan a la sociedad mexicana, fue transformar aquella narrativa neoliberal que parte del falso supuesto de que el trabajo es una mercancía, y que para generar empleo se debe empobrecer al trabajador con salarios decrecientes.

La “competitividad” desde un enfoque neoliberal se logra mediante dos estrategias. La primera es conocida técnicamente como “dumping social de mano de obra barata”, y la segunda son las “políticas cambiarias devaluacionistas”. La primera estrategia ha inspirado las diversas reformas laborales, tanto legales como ilegales, en Colombia, y tuvo su punto de partida con la tristemente célebre Ley 50 de 1990.

AMLO en México ha adelantado acciones de política pública para reducir el costo de la energía, a fin de que las empresas puedan pagar mejores salarios. Es un ejemplo de cómo la competitividad se puede lograr de una manera diferente al empobrecimiento del trabajador. Desde que AMLO llegó a la presidencia de México, el salario mínimo recuperó 26 años de rezago en el país y más de 30 en la frontera, donde pululan las maquiladoras.

    Pero no solo se necesitan transformaciones en la legislación laboral y las políticas que regulan el trabajo, sino también en la estructura y el funcionamiento interno de los sindicatos.


México ha sido uno de los países pioneros en el impulso de sindicatos “fantasmas”, o “blancos”, como un factor de contención de los verdaderos intereses del trabajador, como lo ejemplifica el extendido “contrato de protección”, que es un contrato colectivo firmado por el empresario con un sindicato de papel, a espaldas de los trabajadores, mediante el intercambio de dinero y prebendas de diverso tipo. De esa manera se evita la acción de sindicatos auténticos, que verdaderamente regulen las relaciones laborales.

Con el agravante de que estos sindicatos de papel se afilian a las centrales muchas veces en condiciones de privilegio. Una de ellas es la Confederación de Trabajadores de México (CTM), el brazo obrero del Partido Revolucionario Institucional, PRI, que fue fundada en 1936. Desde entonces solo ha tenido 7 secretarios, la mayoría de ellos murieron en el cargo. Veamos:

Fidel Velázquez, dirigió la CTM de 1941 a 1947, y de 1950 a 1997; Leonardo Rodríguez Alcaine, estuvo de 1997 a 2005; y Joaquín Gamboa Pascoe, de 2005 a 2016. El actual presidente de la organización es Carlos Aceves del Olmo, de casi 80 años de edad, quien termina su mandato en 2022, y tiene ánimos de reelección. En síntesis: envejecimiento, poca renovación y nula defensa de los derechos de los trabajadores, caracteriza a gran parte del sindicalismo mexicano.

Para corregir esa anomalía, una de las reformas que el presidente AMLO viene impulsando les permitirá a los trabajadores sindicalizados votar por sus representantes de forma directa y libre, lo que evitaría que los empresarios incidan en la elección de dirigentes proclives a sus intereses, y en cambio permitiría un proceso de renovación y fortalecimiento sindical, con sindicatos más representativos y más alineados con sus afiliados.

Si esta reforma se desarrolla sin ningún tropiezo, transformará la representación sindical en el marco de las empresas y tendrá un impacto determinante en la reducción de la desigualdad, pues la negociación colectiva tendrá mayor cobertura y los trabajadores una mayor participación en la riqueza que construyen con su diaria labor.

Existe abundante evidencia empírica de la correlación que hay entre la cobertura de la negociación colectiva y el indicador GINI, que es el más utilizado para medir las condiciones de igualdad o desigualdad en una sociedad. Tanto la OIT, como el Banco Mundial y el mismo FMI reconocen que las sociedades más igualitarias son aquellas donde existe mayor densidad sindical y por tanto mayor amplitud de la negociación colectiva.

El presidente mexicano ha tenido la osadía de romper paradigmas para construir una sociedad más incluyente e igualitaria en México. Los empresarios y el gobierno de nuestro país deberían mirar estas iniciativas, que no afectan negativamente el desarrollo empresarial, sino que abren posibilidades para que sus negocios prosperen en entornos de sociedades viables. Y es también un mensaje para el sindicalismo colombiano.

Sin embargo, algunos analistas señalan que garantizar la sindicalización y la negociación colectiva de los trabajadores formales es condición necesaria, pero no suficiente. Se debe extender el derecho de libertad sindical más allá del empleo formal y pensar en nuevas estrategias que posibiliten la representación de los trabajadores de las plataformas tecnológicas (UBER, RAPPI), las cuales han expandido un tipo de empleo que profundiza las desigualdades.