Alberto Herrera

Duque con el agua al cuello

Por: Alberto Herrera

Director La Bagatela

La poca credibilidad que genera su gobierno lo conduce en un aislamiento progresivo

El país no confía en Duque. Su nivel de aprobación desciende cada vez que toma una decisión de envergadura y dada la situación colombiana, estas se presentan a diario. La obstinación de su equipo de gobierno y de su círculo más cercano por darle un vuelco a los acuerdos de paz, lo está llevando a un desprestigio del cual podría ser imposible recuperarse. Gobernar no es solo ganar las elecciones.

Aclimatar la paz, exigencia generalizada…

Amplios sectores nacionales de disímil procedencia han levantado una resistencia institucional, política y popular, que sin estar coordinados expresan reiteradamente y con mayor decisión el respeto a lo acordado en La Habana. Intentar otro camino, distinto a un consenso nacional alrededor de los acuerdos de paz, solo está trayendo un enfrentamiento que podría conmocionar aún más a la nación. El respaldo mayoritario a la paz se fortalece adentro y fuera del territorio colombiano, y considera que el acuerdo de paz es un ingrediente necesario y conveniente para acometer, en un ambiente propicio para todos, el resto de las dificultades nacionales.

Del parlamento

El Congreso tomó una decisión mayoritaria en contra de las objeciones al acuerdo propuestas por Duque, así las huestes gobiernistas hagan cuentas amañadas sobre el inobjetable resultado. La Corte en reciente fallo, basado en la votación del Senado, validó las mayorías parlamentarias.

De las altas cortes

El poder judicial que había dado el visto bueno a la ley estatutaria de la JEP y ahora lo reafirma negando las objeciones propuestas por Duque, ha sido objeto de presiones, que tocan la ilegalidad. Los teléfonos de los magistrados fueron chuzados, acción que repite hechos condenados en el pasado, y la embajada de los EE. UU. retiró visas a magistrados buscando forzar decisiones relativas a los asuntos propios de la nación. El episodio de las visas se conoció cuando el representante Cárdenas contó a la opinión pública las presiones de la delegación diplomática de EE. UU. para aprobar las objeciones a la JEP en un desayuno con parlamentarios; inmediatamente le retiraron la visa, luego procedieron con la visa de algunos magistrados. El asunto generó gran inconformismo en todos los estamentos de la sociedad, el país se sintió agredido y vulnerado. Las cortes respondieron con altivez y en pronunciamiento público encabezado por Gloria Ortiz, presidenta de la Corte Constitucional, acompañada de Lucy Jeannette Bermúdez y de Patricia Linares, presidentas del Consejo de Estado y de la JEP, aseguraron que “seguirán ejerciendo sus funciones con autonomía e independencia de cualquier influencia ajena… y con el compromiso que hemos adquirido ante la sociedad de administrar justicia imparcial, objetiva y trasparente”. El asunto no quedó ahí, ante el silencio del Estado sobre este caso, el expresidente Gaviria calificó esa postura como “una actitud en la que no es posible distinguir entre el temor y la subordinación del gobierno Duque, o la simple complicidad mutua”, y terminó advirtiendo: “Pero a nadie le quepa duda que vamos a defender la autonomía judicial, pilar de nuestro Estado social de derecho y el Acuerdo de Paz”.
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